lunes, 21 de octubre de 2013

Quiero cambiar, pero no puedo (1/2)

Por: Ángel Reyes / El Llanto del Ciego

(Alumno de la Pontificia Universidad Católica del Perú)

Parte 1 de 2

Es importante aclararles a los que se rinden fácilmente ante las adversidades que nada es imposible. Si un hombre no se siente satisfecho con lo que es, debe buscar las respuestas ante su insatisfacción en sí mismo, principalmente en su sistema nervioso. Es raro que este sistema no trabaje de manera adecuada desde el nacimiento, estas son desafortunadas excepciones. Si no trabaja bien es porque el individuo no ha sido bien formado desde su casa, adquiriendo malos hábitos que a la larga son perjudiciales.

Es vital para un individuo el correcto funcionamiento de su cerebro, que procesa la información recibida diariamente. Pero una mala alimentación y cortas jornadas de sueño son los obstáculos que evitan su mejor desempeño. Si el cerebro no funciona correctamente es conveniente afirmar que el rendimiento en actividades de máxima exigencia no va a ser el mejor.

Algunos cuerpos reaccionan inmediatamente en los momentos de cuidado a través de los nervios, mientras que otros no se sienten presionados ante situaciones adversas en gran medida. Esta es la gran diferencia que aventaja a los individuos que ya tienen buenos hábitos consolidados en beneficio de su cuerpo debido a que es importante no sentir gran presión y sentirse relajado para poder vencer convivir con los nervios, que son traicioneros en los momentos menos esperados.

Hay dos extremos reflejados en el caso explicado. Hay varias personas que priorizan una buena alimentación, van al gimnasio y duermen por lo menos ocho horas por jornada. Estos hábitos en su rutina mantienen relajadas a estas personas, por lo que un ataque de nervios en situaciones adversas es poco probable en ellas. Si vamos hacia el otro extremo, encontramos individuos que ingieren chatarra casi a diario, no hacen deporte y se acuestan a altas horas de la madrugada. La vida desorganizada y poco saludable que llevan los pone en una situación de máximo estrés, que implica un control pobre de los nervios en situaciones de apuro, más frecuentes en ellos.

El segundo caso es el más tratado desde varias ramas de la ciencia por la necesidad de mejorar la calidad de vida de los individuos que se encuentran en esta deplorable situación. Mi objetivo es que los escépticos estén convencidos de que un cambio radical, de extremo a extremo, en poco tiempo y con mucha dedicación, no es imposible. Por eso quiero fabular el caso de un simpático personaje que encaja perfectamente en el problema planteado con el objetivo de introducirme en los subconscientes de los individuos con poco poder organizativo.

Este es Alonso Betancourt, un bogotano adinerado que cumplía con las características expuestas en el segundo caso y que buscaba soluciones de manera desesperada, hasta que finalmente encontró la manera de sobreponerse a los problemas que debía enfrentar. Es importante saber qué objetivo perseguía Alonso y cuáles eran sus limitaciones mentales para conseguirlo.

Alonso tenía 17 años en aquellos tiempos, estaba muy cerca a cumplir 18. Pero aún mantenía la inmadurez de un infante engreído, pues no tomaba los momentos difíciles con seriedad, y mucho menos los fáciles. Estaba cursando su primer ciclo de Economía en la Universidad de los Andes y fue mucho más exigido que en el colegio, en el que los profesores no se atrevían a jalar a muchos alumnos por el miedo a las represalias que podrían tomar los alumnos de la elite bogotana.

En la universidad cambió el panorama para Alonso, ya que tuvo en su primer ciclo a profesores de amplia trayectoria y prestigio en sus respectivos campos de investigación, y a estos no les temblaría la mano si tenían que desaprobar a un alumno. Después de todo, la universidad respaldaba y sigue respaldando esta política para evitar que cualquier alumno poco capaz egrese de sus instalaciones y manche el prestigio que ya tenían ganado en el país.

Alonso no quería pertenecer a este grupo de alumnos poco capaces y quería cambiar y hacerse de un nombre entre los alumnos más exitosos de su facultad, pero no sería fácil. Se encontraba a mitad de su segundo ciclo, en plena semana de parciales y ya no resistía más la idea de encontrarse en los últimos puestos de la nómina de alumnos. Era difícil para él revertir la situación, pues se había acostumbrado a descansar más que a trabajar, a que su empleada haga las cosas por él y haga cositas con él, a despertar tarde y llegar retrasado a la universidad, a devorar a Cajitas Felices cuando no le gustaba lo que cocinaban en su casa.

Después de dar su último examen, Alonso sintió que había sido una mala semana y que no iba a lograr la meta de borrar las malas memorias de su primer ciclo. Estuvo pensando en una solución inmediata antes de dormir (3:30 am) y decidió que se levantaría lo más temprano posible para bañarse y tender su cama. Después de estar limpio y organizado quería continuar el cambio tomando un saludable desayuno en compañía de sus padres para tener el resto del día en orden para estudiar.

¿Hubo cambios? Alonso despertó un domingo a las 6:00 am, revisó su celular y pensó en dormir unos minutitos más. Pasaron muchos minutitos y ya eran las 12:30 pm. Alonso estaba furiosísimo, pues no podía perdonarse que estuviera comenzando otro día con el pie izquierdo. Estaba cansado y tenía frío, así que decidió que no se iba a bañar, lo haría más tarde. Tampoco arregló su cama porque consideró que al levantarse tarde no pasaría mucho tiempo hasta tener que acostarse de nuevo. Por el momento no se notaron los cambios propuestos del decidido Alonso de la madrugada anterior.

Alonso salió de su cuarto y vio en la puerta una nota de sus padres escribiéndole: “Hijito querido, salimos a pasear. Quisimos avisarte, pero te vimos tan acurrucadito que nos dio pena levantarte. P.D. Dejamos una rica fuente de verduras frescas esperando por ti en la mesa.” El aniñado joven no pudo soportar esta situación: sacó las verduras y se las regaló al vecino vegetariano del costado. Luego fue a McDonald’s y pidió cinco Hamburguesas con queso. Por lo menos había realizado una buena acción por su vecino y se sentía satisfecho con la basura que había comido.

Cuando estaba saliendo de McDonald’s pensó: “Que idiota soy, nada ha cambiado, al menos estudiaré para salvar el día”. Solo fue un pensamiento, un pensamiento diluido cuando vio a dos de sus amigos con una chica de proporciones esculturales. Olvidó todo. Se fueron los cuatro a fumar al parque que se encontraba detrás de McDonald’s, después la suculenta amiga llamó a su hermana gemela para mantener relaciones sexuales con los tres amigos.

Alonso ya había llegado muy lejos, no solo no cumplió el objetivo. Esta vez pasó los límites de su irresponsabilidad, no obstante pasó la tarde que cualquier adolescente sueña con pasar. Aunque por dentro sabía que no tenía un futuro prometedor si seguía así y se había quedado sin ideas. ¿Se rendirá?

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