jueves, 19 de diciembre de 2013

Columna X: La dulce espera en el cine

Escribe: Ángel Reyes ALUMNO DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ

Magda se estaba comportando como una diosa exorbitante en esa primera vez. Yo no me sentía a la altura de su grandeza, así que poco a poco ella fue tomando protagonismo en esa escena que consumía mi adrenalina de manera agónica, hasta que intercambiamos roles y ella se volvía macho y yo hembra. Así me di cuenta de que ella era el complemento perfecto para mí, solo debía acabar esta agotadora obra de teatro y esperar a que los odiosos espectadores dejen de aplaudir nuestro deslucido espectáculo que a duras penas fue ensayado.

Mi cabello es rubio y ondulado, las chicas creen que soy gay, no piensan que abusaré de ellas, confían en mí. Así somos los amanerados, siempre nos llevamos gratis la mejor carne. JA, tira de ilusas, creen que a uno no se le para. Nada malo puede pasar. Magdalena es la chica más tierna que he conocido. Es la primera vez que se despiertan sentimientos bonitos en mí por una chica. Voy a usar mi reputación de homosexual para tener su confianza y después caerle con todo.

Cuando ella sea mía dejaré de ser objeto de burla de todos esos galanes y fortachones que aparentemente están mejor dotados que yo para el sexo. No debería fijarme en eso, pero no prueba nada. Es pura casualidad que cada vez que un hombre se atraviese sea la entrepierna lo primero que le mire. Que quede claro que no soy ningún maricón, aunque no tenga cómo probarlo y esa diosa me haga sentir como una esclava lesbiana. Magda es dominante y tierna. Tiene una personalidad vivaracha y sabe cómo complacer y consentir a sus patas de manera discreta.

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Cada noche me imagino junto a Rafael en el altar, cada día pasa y no consigo que se enamore de mí. Pero sentí que el otro grande del elenco me miraba raro detrás del telón, creo que a ese “como se llame” le gusto. Es bonito y sensible, pero no es mi tipo. En realidad esto me pasa con la mitad de chicos que conozco, la mayoría de ellos babean por mí y yo tengo que hacerme la desentendida. Se creen más astutos que yo, creen que no me doy cuenta, se creen virolos y caletas. Lo que me duele es que entre Rafa y yo pasa lo contrario y no puedo disimularlo.

Si quiero salir con Rafa tendré que hablar con Romina, es verdad que no me cae bien porque es completamente distinta a mí. Yo soy coqueta, dominante y amorosa; mientras que ella puede hacer lo que sea con tal de resaltar entre todos los hombres y que alguno se anime a aventurarse con ella en la oscuridad. Lamentablemente, a pesar de nuestras diferencias para atrapar a los hombres, voy a necesitar su ayuda para ir al cine con mi amado Rafael.

Romina es tan manipulable, de pies a cabeza. Esa descarada es solo una hueca que quiere intimidad, afortunadamente acabo de recordar al “como se llame”. Si lo invito al cine, aceptará; si él va al cine, lo usaré como la carnada de Romina para que acepte; y si Romina acepta, ella llevará a Rafa y yo seré toda una leona para que caiga directo a mis garras. No se ve tan difícil la hazaña, es un simple juego de ajedrez en el que los peones se moverán a mi placer y yo seré la poderosa reina blanca que secuestrará a su rey negro no correspondido. Me da pena hacer esto, pero así somos nosotras, movemos montañas por amor.

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Fue muy linda Magda ayer, me sentí como un verdadero rey. Recuerdo perfectamente como me puso el saco y después anudó mis zapatillas. Ella tiene pinta de ser calculadora en ocasiones, pero eso no significa que sea mala. Tengo que reconocer que la flaca sabe lo que quiere. En síntesis, no puedo negar la dulzura de esta mujer de cabello liso y castaño. Lo que me confunde es que sorpresivamente Romi me llamó para invitarme al cine. Ella tiene pinta de ser movidita, pero no pensé que conmigo sería tan mandada.

Creo que me conviene salir con Romi esta noche, ya que no me puedo dejar llevar por los encantos de Magda. Gusta me comentó que siente algo por ella y no sería capaz de traicionarlo. Sinceramente lo amo, no es que sea gay, pero tengo un gran aprecio hacia mi causa. Llamaré a Romi lo antes posible para confirmarle que iré a su jaula a recogerla. Me siento enfermo, pero tal vez así me liberaré del estrés de este terrible y agobiante año, además evitaré problemas con Gustavito.

Lo que aún no entiendo es porque Romina, la misma Romina Álvarez Calderón, me invitó a salir. No somos muy amigos y no me lanza miraditas como sí lo hace con Gustavo. Es más, cuando me llamó solo me dijo si quería ir al cine. Ella es más elocuente, se manda tremendos discursos. Tal vez no me he dado cuenta de lo enamorada que ha estado de mí. Seguramente por eso es tímida conmigo. Ahora todo tiene sentido, además, ellas siempre son más vergonzosas para invitarnos a salir. También me parece raro que una chica de tanta clase como ella haya tenido que rebajarse para invitar a salir a un chico. Todo esto me confunde.

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Al fin esa Magda se hizo una, tantas lunas llenas enamorada de mi Gustavo Gatti y al fin saldré con él. Sé que todos creen que no soy decente y que me acostaría con cualquier chico si fuera necesario, pero descarto esa ontología cuando pienso en mi Gustavito. Mi gato tiene unos rulitos amarillos que son prodigiosos y me da mucho roche hablarle, es tan guapo. A veces lo miro, pero no sé como mandarle más indirectas. Reconozco que a veces envidio a Magdalena porque ella consigue que los hombres le hablen sin hacer gran cosa.

Sé que a Magdalena no le caigo y también sé que me está utilizando para caerle con todo a Rafa, pero si voy a ser utilizada para que Gustavo sea mío dejaré de lado el orgullo. Lo que me molesta es que últimamente mi amor platónico la ha estado mirando mucho. Aunque esto no me preocupa, estoy convencida de que en el amor siempre ganamos nosotras. Mis cinco enamorados han caído como perros ante mis encantos y como cucarachas los he terminado.

Más allá de lo guapo que es Gustavo, lo que me preocupa es lo afeminado que es. Es cierto que esos son los más lindos, pero qué pasaría si me sacara la vuelta con un hombre. No soportaría la rabia si me enterara de que me hizo cachuda con alguien como Rafael, ya que ellos son muy amigos. Riesgos son riesgos, tan solo verlo agarrar con Magdalena me haría buitrear. Estoy a punto de comenzar con el mayor riesgo al salir con Rafael, que no me gusta. Sería trágico si Magdalena no cumpliera su parte del trato y no se apareciera con Gustavo. No creo que sea tan perra, así que voy a alistarme para que Gusta note lo hermosa que soy.

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El príncipe era Gustavo y la princesa era Magdalena. Nunca se supo el nombre de la obra ni la razón por la que no se besaron después de haberse dicho “Te amo” en el momento cumbre. Más allá de la poca planificación y la excesiva improvisación, el esfuerzo de los jóvenes actores fue muy aplaudido. Era la primera vez como elenco teatral de estos chibolos pitucos e hijos de papá. Todos sus antecesores asistentes tenían que aplaudir e inflar su ego porque estos engendros inmaduros y engreídos heredarían sus empresas en el futuro.

Cuando acabó la obra estaba Romina a un costado del telón haciendo el gesto lloroso de un bebé cuando lo están inyectando en el potito. Todos conocían a Romina, esa típica arpía sin sentimientos ante el público que siempre consigue lo que quiere, pero nadie se había detenido a explorar su lado sensible. Le había dolido en lo más profundo de su ser haber quedado relegada en el papel de árbol cuando ella quería ser la princesa de su Gustavo.

-¿Por qué tanto dolor flaca? ¿No usaste condón? –preguntó un actor que la odiaba.  

-Alucina pavo –respondió ella sollozando-, luego le mandó un denso y tupido escupitajo.

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Romina llegó a su casa iracunda y con los ojos colorados. Daba el aspecto de que estuviera lanzada. Ante esta indecente llegada sus papás se mostraron molestos, pero ella los ignoró y entró a su habitación para cerrar la puerta violentamente después. Se sentía como la mujer más miserable en la faz de la tierra hasta que milagrosamente recibió una sorpresiva llamada.

-¿Aló Romi? Antes de que me cuelgues, porque supongo que ya reconociste mi voz, quiero proponerte algo, ya que sé que sientes algo por Gusta –inició Magdalena.

-¿Qué fue? –respondió cortante Romina.

-Voy a ser franca contigo, el se muere por mí, así que lo invitaré a salir. El problema es que yo me muero por Rafa. Si tu lo invitas al cine, yo llevo a Gusta y las dos felices. ¿Qué dices? –Propuso Magdalena-. Sé que interesa.

-Eres más pendeja de lo que creí Magda, pero tenemos un trato –finalizó Romina y cortó sin despedirse.

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El primero en llegar al cine fue Gustavo, el más entusiasta e ingenuo de todos. Era el que tenía todas las de perder según el plan de las chicas. Es cierto que se quedaría con Romina, pero no era lo que él deseaba. No se imaginaba que Magdalena no lo deseaba, ni siquiera le pidió que vaya a recogerla. Ella solo lo veía como la carnada. No se acordaba ni de su nombre, lo conocía como el “como se llame”. “Ya quiero que llegue, ya quiero que llegue”, decía nervioso. Se sintió algo confundido después de varias vueltas, pero finalmente Magdalena llegó.

-Hola… Raf… Gustavo –lo saludó Magdalena.

-Magda, quería darte es… -le dijo Gustavo hasta que Magdalena lo interrumpió.

-Espero que no te moleste, pero invité a Rafa y a una amiga del elenco que seguramente ya conoces –agregó Magdalena.

-No te preocupes, Rafa es mi pata –respondió decaído Gustavo.

Después de esa conversación que dejó desanimado a Gustavo, llegaron Romina y Rafael como ya estaba pactado. Se saludaron entre todos, tardaron unos minutos en la cola, compraron las entradas y se dirigieron a ver la película. Al acabar la función se intercambiaron las parejas como estaba planeado.

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-Pero yo te amo Gustavo –gritó Romina-, no me hagas este daño, soy más tierna de lo que crees.

-A ver, ¡acuéstate conmigo! Pruébalo –exclamó Gustavo-. Me has conmovido, pero necesito que me pruebes tu amor.

Entraron al hotel más cercano con el consentimiento de Romina, quien sabía que los otros dos también se encontraban copulando en una de sus habitaciones. Cuando ingresaron al cuarto Romina se trepó encima de Gustavo y lo desnudó inmediatamente y dio todo de sí para complacerlo. No se preocupó por preguntarle a Gustavo si estaba usando protección. Estaba convencida de que después de más de tres horas de salvajismo entre ellos Gustavo se olvidaría de Magdalena y de que fue su princesita.

-Te amo Romi, estás rica –cuchicheó Gustavo.

Luego entraron Rafael y Magdalena a la habitación del hotel, cada uno con una botella de Whisky en la mano. Magdalena vio desnudo a Gustavo y cambió de idea. Automáticamente se enamoró de él, con el apoyo de su estado de ebriedad. Ante esto Rafael expresó su enojo.

-Yo también amo a Gustavo, ustedes saben que soy gay –declaró Rafael.

Así Rafael fue a la cama a besarlo apasionadamente, tratando de incorporar su lengua sutilmente. Mientras Magdalena y Romina acariciaban sus partes íntimas por turnos.

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El gran Gustavo Gatti se sentía el rey en esa noche hasta que dejó de dar vueltas y vio a Magdalena un poco borrosa. Una vez que ya la reconoció perfectamente se mostró confundido.

-Perdón por la demora Gustavo. Pensé venir con unos amigos, pero me plantaron. Entremos al cine –le dijo Magdalena desconcertada.

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