lunes, 21 de abril de 2014

El llanto del ciego: Los compadres

Columna El Llanto del Ciego / Por: Ángel Reyes

Hace algunos días fueron incinerados los restos del querido Pedro Maldonado, que en vida fue considerado como una figura de la literatura, pero cuya alma ahora ha partido. Lo que ahora sus incondicionales seguidores y yo nos preguntamos es si su alma está en un lugar mejor o en uno peor, o si tal vez se reencarnó o está deambulando sin rumbo por el orbe. Todos sus aficionados deben pensar que un espíritu dedicado a un oficio tan inofensivo como el literario por muchos años merece estar descansando en un lugar que en la imaginación aparece como blanco, nuboso y pacífico. Pero lo que no imaginan es que los obstáculos y problemas que tuvo con sus colegas escaladores en su aventura hacia la cima pueden poner en discusión la intachable reputación que tuvo.

Me interesé por el paradero de su alma y les pregunté a sus más leales amigos qué actitudes lo caracterizaron. Afirmaron que era perseverante y que era amoroso con sus seres queridos; sin embargo, también lo tildaron de fosforito, afirmaron que no practicaba la templanza y que sus celos eran bastante notorios cuando sentía que alguien lo superaba. Estas últimas actitudes mencionadas son una referencia para poner en jaque la teoría de que el alma de Pedrito esté en aquel ambiente blanco y apaciguado. Sin embargo, las cualidades que mencionan reducen, por otro lado, las posibilidades de que esté en un escenario opuesto: rojo, cálido y cubierto de lava. Ante eso es difícil saber dónde está su alma. Creo que pierdo tiempo tratando de descifrar con argumentos algo sobrenatural.

 

 

-¿Este lugar existe? Siempre me jalaban en los exámenes de Religión del colegio por no reconocer que estos escenarios de cuentos de hadas eran reales –se quejó Pedro con temor.

-Silencio, Maldonado –le gritó el ser grande, colorado y atemorizante que lo vigilaba-. Hay alguien que lleva años esperando por usted.

-Ya es hora de que se descubra la verdad, Pedro –le dijo José con voz baja y más ronca de lo usual-. Llevo años aquí en el purgatorio, esperando tu muerte, porque no quieren sentenciarme sin escuchar tu versión del percance que tuvimos en nuestros años gloriosos.

-Necesito saber cuál fue el motivo de que usted le haya pegado a Iguarán hace más de medio siglo –interrumpió la criatura-, muchos mortales se preguntan eso y ustedes no se moverán de aquí hasta que me digan la verdad.

-¿De qué otra forma quieres que te lo cuente? –Protestó José-. Ya te dije que Pedro no hacía lo que necesitaba su mujer para ser feliz y yo pagué los platos rotos por tratar de alivianar el asunto, pero eso quedó en el pasado y solo es una simple anécdota.

-No confío mucho en escritores, así que cállese –interrumpió con furia la criatura-. Por favor, Pedro Maldonado, cuénteme su versión de la historia. Lo veo un poco nervioso.

-A ver, no entiendo –contestó confundido Pedro-. ¿No se supone que estoy muerto? ¿Por qué tengo que estar en este lugar tan feo con José, que murió hace bastante tiempo, y contigo, un personaje ficticio?

-¡Qué ilusos son estos ateos! -pensó la criatura-. Si contestas tú, contesto yo –replicó.

-Es verdad que no tenía mucho tiempo para complacerla como a ella le hubiese gustado en aquellos días de tanto trabajo y fama, pero tú te aprovechaste de su tristeza y te aventuraste a besarla. Ella confió en ti y tu solo pensaste en tus manías de escritor retraído –explicó dirigiéndose a José-. Eso es lo que ocurrió y no quiero que pase a mayores, ahora sí quiero saber para qué sirve este lugar.

-Fuiste uno de los mejores escritores de tu época y ayudaste a varios de tus amigos en momentos delicados, pero también protagonizaste varias peleas y me informan que todos los curiosos del mundo terrenal se preguntan por qué agrediste a José. Así que estarás acá en el purgatorio, que como ya habrás notado es un lugar muy útil, hasta que se aclare totalmente ese misterio –sentenció la criatura.

 

 

Me despedí de la mansa y envejecida mujer de Pedro y le prometí que sería discreto con la exclusiva información que me proporcionó acerca de la pelea más memorable que protagonizó su marido. Obviamente, como buen periodista, romperé mi palabra y soltaré todo lo que la mujer me dijo: ella estaba llorando en una tarde lluviosa porque sentía que Pedro no le dedicaba el tiempo suficiente y si lo hacía no la complacía como a ella le hubiese gustado, entonces apareció José y fue a abrazarla mientras ella describía su agonía, así fue como José recordó que la vida solo se vivía una vez y acercó su mostacho en plenitud al rostro de la refinada dama. Me consta que la arrechura es común en los escritores, pero José Iguarán tuvo la pluma muy inquieta y traicionó a su colega.

Después de haberme enterado de lo que ocurrió pienso que era previsible que por causa de aquella traición, el controversial Pedro, débil e impulsivo, haya desatado toda su furia impactando su puño derecho sobre el bigote de José. No quiero seguir imaginando tantos pelos bañados de una manera que me hacía recordar al juego de las damas ni a la mujer llorando desconsoladamente en el momento del golpe cuando en su interior gozaba que dos hombres tan influyentes a nivel mundial estén peleando por ella. Lo que sí quiero imaginar con exactitud es el lugar en el que se encuentra el espíritu del amigo Maldonado. No es que me interese mucho, ni siquiera leí sus libros, pero no he preparado nada para mi columna periodística de mañana y no se me ocurre de qué más opinar.

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