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domingo, 14 de septiembre de 2014

Escribe: Ángel Reyes

Ya pasaron dos horas desde que estoy aquí y mis ansias de que este martirio acabe de una vez crecen a medida que los segundos pasan. Mi sueño de recibir el nuevo milenio en casa con Jimena se ve lejano. Por el contrario, parece que esta fuese una pesadilla, pero no lo es. Ya me he pellizcado varias veces y esas rejas negras siguen ahí. Mis ojos siguen percibiendo ese catre viejo y destartalado, además me parece de mal gusto el aspecto de la colcha. ¿Me parece o se están burlando de mi desgracia con esas calcomanías de patitos? Tampoco desaparece ese prehistórico televisor; no obstante, no puedo menospreciar la astucia de los técnicos de aquí. Digo esto porque han bloqueado hasta los canales de señal abierta. Pero, curiosamente, sí está a mi disposición el canal Animal Planet; y cada vez que tienen en el aire algún documental sobre roedores, suben el volumen. ¿Qué están insinuando que soy, muchachos?

-Gabriel, cada minuto enloqueces más, sobrino –le dijo Camilo, que se encontraba encerrado junto a él-. Deja de decir tantas cursilerías solo, tú sabes muy bien lo que hiciste y mereces estar aquí.

-No es verdad, yo no estaba cuerdo en esos días. A mi parecer, debieron resolver que necesitaba tratamiento psicológico para acelerar el resto del proceso bajo la mesa –le respondió de manera convincente-. Además, tú no entiendes todo lo que yo he pasado.

-¿Tan yuca es tu vida de miraflorino? –le preguntó con sarcasmo y se echó a tratar de dormir.

-Espera, no opines sin saber –le dijo sobresaltado-. Además, un asesino como tú no me puede dar lecciones de moral. No sabes cuánto te odio en este momento, pero necesito desahogarme con alguien.

-Dale –finalizó Camilo.

-Quiero aclarar, antes de empezar, que no vivo en Miraflores, sino en San Isidro –agregó Gabriel.

Todo empezó cuando me separé a finales del mes último de María Pía, mi mujer. Aún persistía esa debilidad que me condujo a proponerle matrimonio por su rostro angelical y aún sin arrugas. Mi problema era que ya no podía soportar que me llamase a cada hora y que al llegar a la casa por las noches me pregunte por qué mis cachetes olían a lápiz labial. No podía estresarme más, pues ya era suficiente con estar a la cabeza de un extenso equipo de abogados y abogadas. Por otro lado, estaban mis dos hijas, que sabía que no me iban a perdonar que me fuera de la casa sin una razón válida. Y así fue, mis hijas se enfurecieron cuando anuncié que me marcharía de la casa. Para aliviarlas un poco, les prometí que les pasaría una atractiva pensión, suficiente para que puedan pagar sus estudios y también algunos caprichos como comprar un par de zapatos cada semana. Fue así como me alejé de mi familia y me empecé a dedicar íntegramente a mi trabajo.

-Hermano, comprendo que ser un magnate no es fácil y que tus hijas son unas rameras –interrumpió Camilo-. Pero no entiendo qué tiene que ver esto con el crimen que cometiste la semana pasada.

-Ya te vas a dar cuenta de que si hubo relación, pero quería aclarar que fue mi primera gran catástrofe–respondió Gabriel.

-Puedes seguir desquitándote –dijo Camilo.

Estaba en mi oficina pensando que ya llevaba dos meses viviendo solo, cuando entró la contadora para informarme que habíamos obtenido el doble de ganancias en el último mes. La situación me alegró tanto que decidí invitar a mis mejores amigos del estudio a una celebración en mi nueva casa. Ahora ya no tenía a una mujer pisándome los talones ni a dos hijas que solo querían mi dinero para divertirse con unos apuestos malandrines que se veían más fuertes que yo. Eso había quedado en el pasado, ahora podía utilizar mi casa para divertirme con mis colegas. Tengo un recuerdo borroso de nosotros bailando y chupando por varias horas, hasta las tres de la mañana. Los quince asistentes salieron agrupados en tres carros, manejando los sobrios. Solo Jimena, una de las abogadas, se quedó a dormir a mi casa, como se empezaba a hacer costumbre. El resto se marchó, tomando la ruta de la Costa Verde, ya que mi casa se encontraba cerca al mar.

-Eres un aprovechador, así que para eso dejaste tu casa –le regañó Camilo.

-Amigo, no recuerdo bien lo que hicimos –respondió Gabriel-. Al amanecer, recibimos la peor noticia de nuestras vidas y olvidamos todo.

-No me digas que alguno se accidentó –trató de adivinar Camilo-. Tal vez te engañaron, tal vez uno de los conductores estaba ebrio.

-Le estás quitando emoción a la historia, pero estás cerca –dijo Gabriel.

Los tres carros iniciaron el tránsito por la Costa Verde, uno detrás de otro. Algunos estaban durmiendo, pero se despertaron todos para bajar un rato a la playa y tomarse una foto. Estaban ubicándose para estacionar los carros, hasta que un terremoto remeció la ciudad. El mar se salió violentamente y todos mis amigos salieron disparados. Solo dos pudieron salvarse; y el resto, que representaba a la mitad del total de abogados, no sobrevivió. Me tomó varios días asimilarlo. Llegaba cabizbajo a mi oficina, pues sabía que indirectamente había sido mi culpa que mis colegas hayan fallecido. En uno de esos días de lamentos, entró la contadora a la oficina para informarme que en el último mes habíamos tenido pérdidas. Antes de irse, me aviso que a los abogados restantes ya no les convenía seguir y presentaron sus cartas de renuncia. Estaba destruido, pues me había quedado sin familia, sin amigos y sin trabajo.

 

 

Creo que fue suficiente explicación. Gabriel sí tenía motivos para estar loco. Creo que fui muy cruel con él. Tal vez su vida no sea tan intensa como la de mis hermanos sicarios de La Perla, pero ser un abogado millonario sanisidrino no implicaba que su vida fuese fácil. Dejé mi instinto criminal y abracé a Gabriel como si fuese uno de los míos, pues parecía ser vibras –aunque un poco sano para mi gusto-. Después, llegó un oficial para que se dirija a hablar con su abogado. En los próximos días dejaría esta carceleta para que empiece su condena en San Jorge. Lo que no entiendo es qué tenía en la cabeza para secuestrar a sus hijas. Primero las abandona –no es que ellas necesitaran del cariño de su padre-, luego se queda sin dinero para asumir sus gastos y después las secuestra. No entiendo cómo pretendía beneficiarse. Según vi en televisión, sus hijas tenían ajustado el pantalón por detrás, no por los costados.

Me puse un poco feeling y seguía sin poder entender el sentido del crimen de Gabriel. Unos minutos después de que lo sacaran, un oficial vino a pedirme que lo acompañara. Recuerdo que mi último robo fue hace unos días, por San Isidro, cerca a la Costa Verde, a una flaquita con pinta de intelectual que se veía desganada. Junto a mi batería, le apuntamos en la sien para que nos diera su cartera. La mujer perdió el conocimiento y empezó a botar sangre por la boca. Justo en ese momento aparecieron unos tombos. Mis compañeros robaron un carro y huyeron con la cartera. Yo tropecé y fui el único capturado. En realidad, yo solo fui testigo del robo esa vez; pero mi nombre ya había aparecido varias veces en las páginas policiales de muchos diarios. Esa fue la razón por la que terminé legalmente atrapado con Gabriel. Tenía que traicionar a mi grupo y confesar, si quería reducir mi condena. Suponía que para eso me estaban llamando.

Un policía me trasladó a un cuarto oscuro de paredes blancas y que tenía una imagen de Jesucristo encima de la puerta. Allí se encontraba Gabriel, apenas iniciando la historia que me había contado a mí, pero con su abogado. No ´sé cómo logró que me trajeran, pero me dijo que quería que yo también escuche la historia hasta el final. Volví a escuchar, desde el momento en que dejó su casa hasta cuando la contadora le dijo que el estudio estaba aguja. A su abogado no parecía estarle importando mucho la historia. Cada cinco minutos miraba su reloj. Yo, en cambio, me interesé mucho más, a pesar de que ya había escuchado la primera parte. Me guiñó el ojo y empezó a contarnos el delito que tuvo en mente para recuperarse económicamente. Dijo que no fue fácil empezar de nuevo y que trató de ir varias veces a su antigua casa para arreglar las cosas, pero solo salía la empleada para explicarle que su mujer y sus hijas no deseaban verlo.

Después de tanta insistencia, decidí olvidarme de mi familia para siempre. Estaba resentido, pero lamentablemente tenían razón. Fui un egoísta con mi mujer y no valoré que en realidad me llamaba a cada rato al trabajo porque me quería mucho. Entonces, tenía que emprender un nuevo comienzo. Aún seguía muy confundido, así que llegué a mi casa y puse las noticias para relajarme. Estaba viendo la misma basura de siempre, hasta que en América Televisión, por unos segundos, se filtró un vídeo de mis ex aliados –Fujitivo y el Doc- contando algunos dólares y tomándose un vinito. Luego, puse un vídeo para recordar que yo aporté dos palos para la campaña de esos roedores y se olvidaron de mí cuando ganaron. Lo pasé por alto porque era demasiado exitoso, pero las cosas habían cambiado y me pareció propicio planear una venganza. Pensé en secuestrar a alguien y hacer un llamado a los medios de comunicación para que esos mafiosos paguen el rescate.

Faltaban cinco días para Navidad. Para cualquiera sería doloroso que un ser querido fuese secuestrado en una fecha tan conmovedora. La presión para las ratas con saco y corbata sería mayor, pues su popularidad no llegaba a las dos cifras. Contraté a un grupo de sicarios, que eran de La Perla, Callao, según me dijeron; pero no se llegó a un acuerdo aquel día. Yo aún no sabía a quién secuestrar y a ellos les faltaba uno de sus miembros. Les dije que no importaba que estuviesen incompletos y que vuelvan al día siguiente, ya que pensaría bien durante toda la noche a quién podríamos secuestrar. Tenía ganas de secuestrar a María Pía, pero inmediatamente sería yo el primer sospechoso y no estaba en mis planes ir a la cárcel. Estaba con la idea de que tenía que ser alguien que venda. Mi cabeza daba vueltas barajando muchos nombres. Estaba tan confundido que hasta pensé en auto secuestrarme y luego me quedé dormido.

Ya había amanecido y yo seguía sin ideas. Quedé en reunirme con los sicarios en el cruce de las avenidas Arequipa y Angamos. No me quedó otra opción que ir, pues no tenía mucho tiempo para pensar detenidamente en una persona y luego contratar a otra banda. Allí estaban ellos, me metieron a su auto y se estacionaron. Me preguntaron que les diga rápido a quién iban a secuestrar. Me sentía confundido y presionado, pues seguía sin ideas. En eso, veo a mis hijas esperando carro en la otra esquina con sus dos despreciables amigos. No lo pensé dos veces y les dije a los sicarios que les ofrezcan taxi a los cuatro y después yo les diría lo que harían después. Me obedecieron, le pegaron un letrero de taxi al auto y luego les preguntaron a dónde querían ir. Mis hijas respondieron que se dirigían hacia la PUCP y el sicario les cobró seis soles para que acepten. Solo uno de sus acompañantes entró al taxi, el restante se subió a una combi.

Cuando el taxi ya se encontraba en rumbo, llamé al sicario que estaba manejando para indicarle lo que seguía en el plan. Le dije que para cuando ya estén cerca de la PUCP, les advierta que ese era un secuestro. En ese momento, trataron de escapar, pero el sicario llevaba oportunamente su revólver. Se dirigieron hacia el refugio de los sicarios en La Perla. Mis hijas y su amigo ya se encontraban secuestrados. Le pedí a uno de los sicarios que obligue al amigo de mis hijas a grabar un vídeo diciendo que él las había secuestrado y que si el gobierno no pagaba dos millones de dólares antes de Navidad, las mataba. Había llegado el momento de hablar con mi amigo Genaro Delgadillo para que haga en su canal una campaña mediática a favor de la liberación de mis hijas. Afortunadamente, me debía varios favores y no me cobró. El vídeo fue lanzado como primicia ese mismo día en Panorama y cuando finalizó, la policía inició las investigaciones.

No pude ver el noticiero porque me encontraba rumbo a Venezuela. Un amigo, que recién había ganado las elecciones presidenciales allá, comprendió mi caso y me ofreció asilo político. Si no funcionaba el plan del secuestro, me quedaría ahí hasta que se me acabe el dinero o hasta que muera, lo que ocurriera primero. Aún me sentía confundido, pero me aliviaba no tener riesgo de ser arrestado. Antes de dormir, me dirigí a una cabina para realizar una llamada internacional. Les advertí a los sicarios que seguramente la policía iba a identificar el rastro del auto para dar con su refugio. Quería que cuando lleguen se encuentren solo al amigo de mis hijas, pues tenía ganas de que ese patán se pudra en la cárcel. No podía soportar que mis hijas le pusiesen más atención a él que a mí. El plan había funcionado. Se lo llevaron a pesar de sus súplicas. Como buenos policías peruanos, no tuvieron intención de profundizar en la investigación.

Al día siguiente, anuncié que yo había sido el autor intelectual del secuestro y que me encontraba en Venezuela. Volví a pedir al presidente los dos millones de dólares. En la noche, estaba viendo Telesur y escuché una declaración del presidente peruano, en la que me suplicaba que regrese inmediatamente. Enfatizó que él priorizaba, antes que cualquier monto, el bienestar de esas dos hermosas ciudadanas peruanas. Por lo tanto, confirmó que ya tenía el dinero, pero que solo me lo entregaría en tierra peruana. Además, prometió que yo no iba a ser capturado. Dijo que temía que yo tomara represalias y que no quería arriesgarse a que mis dos hijas sufrieran daños físicos o psicológicos por parte de las personas que las tenían ocultas. Me pareció convincente lo que había dicho. Pensé que llegaría al Perú para cobrar el dinero y luego me regresaría. Una vez a salvo en Venezuela, ordenaría a los sicarios que liberen a mis hijas.

Llegué muy confiado del aeropuerto y me interceptaron dos policías. No entendía lo que ocurría y les dije que cómo podía ser posible que quieran detenerme. Les conté que el presidente me había propuesto que iba a cobrar el dinero y que, por el bienestar de mis hijas, no me iba a ser detenido. Ante eso, los policías trataron de aguantar la risa, pero no pudieron. Mientras me llevaban, pude ver de lejos que mis hijas estaban disfrutando la escena de mi derrota. Me sentí estafado por los sicarios. Seguramente los pillaron y tuvieron que negociar con los policías para liberar a mis hijas y, de esa manera, no ser capturados. Me sentí como un idiota y me puse a pensar que los policías peruanos pueden son flojos, pero son más efectivos que el FBI cuando reciben un incentivo. No podía creer que dejé mi privilegio de asilado para regresar solo por dinero y que ahora esté a punto de ingresar a una celda. Antes de entrar me dijeron: “Y él es tu compañero, Camilo”.

 

-Estás jodido –dijo el abogado de Gabriel.

-Solo no te despido porque no tengo dinero para un abogado más caro –respondió Gabriel y luego se dirigió a Camilo-. ¿Tú tienes algo que opinar?

-No estás tan mal, todavía puedes soltar el vídeo en el que negocias con los pendejos del gobierno –dijo Camilo-. Es más, debiste chantajearlos con eso antes de pensar en secuestrar a tus hijas. Serías millonario de nuevo y no estarías aquí.

-Soy un idiota –le dijo a Camilo-. Tú sí sabes de estas cosas, parece que hubieras pertenecido a un grupo de crimen organizado antes.

-Hay algo que no te he dicho –dijo avergonzado Camilo.

-Adivino, tú eras el que faltaba en el grupo de sicarios que contraté –dijo Gabriel.

-Sí, y nos bajamos a tu trampa mientras estabas en Venezuela –respondió Camilo.

martes, 4 de febrero de 2014

Son las dos de la mañana y Adrián no puede conciliar el sueño. Son las dos de la mañana y al día siguiente tiene un importante partido de fútbol con el equipo de su barrio que espera ganar la copa distrital. Son las dos de la mañana y Adrián no puede dormir porque no sabe como regresar con Pía, Pía Gonzales, quien fue su enamorada. Él tomó, hace unos meses, la fatal decisión de terminar su relación con la sensual fémina para meter goles en otro arco porque, como él dice, no hay que acostumbrarse a la rutina. Son las dos de la mañana y el minutero sigue avanzando. Adrián suda por la impotencia de no poder dormir. Suda tanto como cuando juega en la canchita del barrio y cuando juega su otro partido en el Hostal Victoria a donde lleva a sus ‘fieras’ para practicar un tiro libre o someterlas a una tanda de penales con la regla de muerte súbita.

Adrián Solari tiene 18 años, toda la vida soñó con ser futbolista, pero sus padres le sacaron tarjeta roja a su sueño. Le dijeron que se dedique a algo en serio. Como muchos papás en este país, que sueñan con que sus hijos sean abogados, médicos o ingenieros y no toman en cuenta los gustos o la real vocación de sus hijos. Así como ser artista, ser futbolista es una profesión rechazada por los progenitores porque creen que para conseguir éxito tienes que tener contactos y sí lo consigues, éste será efímero. Adrián dejó sus entrenamientos en Universitario hace algunos años para prepararse con miras a postular a la universidad. El tiempo se le pasó entre ‘fieras’, la academia y los amigos; y ya con 18 años no había forma de volver a ser un calichín del equipo crema. Lejos de su pasión y de su ex enamorada Pía, ahora estudia derecho en la UPC y dedica tiempo a tomarse chelas con sus amigos de barrio, con quienes pasa los días rotando el vaso de cerveza, hablando de sus hazañas entre sábanas y recordando con nostalgia a Pía, la chica de hermosos glúteos a lo Rocío Miranda, aunque él intente demostrar que ella es cosa del pasado.

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Adrián se despertó con el sueño acumulado. El motivo que conocemos es porque no pudo conseguir dormir a tiempo, pero también porque un día antes del partido el goleador le anotó un hat-trick (todos los goles de palomita) a una de sus ‘fieras’, convirtiendo el Hostal Victoria en el Golf Los Incas, mismo ‘juerguero’ de la selección peruana en la época de ‘Chemo’ Del Solar. Adrián entró a la cancha sin la convicción de otras veces, falló un penal y su rendimiento fue desastroso. Antes del final del primer tiempo fue cambiado del juego y recibió las pifias del público. Fue su último partido. Dejó el fútbol. Jugó muy mal porque no estaba su amuleto, la mujer a la que tenía que dedicar sus goles. La mujer que siempre lo había acompañado en las tribunas, Pía, no estaba más en aquella cancha de fútbol. Él sabía que podía tener muchas ‘fieras’ pero la única que lo podía ir a ver jugar pelota era la firme, Pía.

Pía Gonzales es de la misma edad que Adrián, estudia Ingeniería Civil en la Universidad de Lima aunque su verdadera vocación es la cocina. A pesar que ella quería ser chef, los padres de Pía le dijeron que no le iban a pagar una carrera para ser una ‘simple cocinera’ y que debería estudiar algo que le genere mucho dinero. Sin embargo, a diferencia de él, ella se enamoró poco a poco de la ingeniería civil y en paralelo continuó preparando algunos platos y postres. Su delicioso queque relleno de fudge es un golazo de media cancha y Adrián sabe por qué.

Pía no sufrió mucho por el alejamiento de Adrián. En realidad él nunca le fue infiel y eso ella lo sabe. Al poco tiempo del término de su relación se enamoró de Mauricio Weedman a quien conoció en la discoteca Aura de Larcomar. Mauricio le invitó un cubalibre, bailó con ella, se la agarró y después la inauguró. ¡Goles que no haces, te lo hacen! Mientras conversaban en los cómodos sillones perlas, Mauricio le habló a cerca de su vida. Le comentó que estudió en el colegio Newton, que vivía en la avenida 28 de Julio cerca a la playa y que había estado en Canadá 5 meses por volar demasiado alto. Uno de sus sueños era ser piloto comercial. Pía quedó encantada con Mauricio Weedman. Iniciaron un intenso romance mientras que Adrián dejó de lado los prejuicios de luchar por una mujer y decidió emprender el contraataque para recuperar a Pía. Él estuvo 9 meses con Pía y no logró hacerla debutar en Primera División. En otras palabras tuvo la posesión de balón, pero no ganó el partido.

No era fácil para Adrián luchar por el cariño de una mujer. Él es un tipo que siempre consigue lo que quiere sin hacer el mínimo esfuerzo. Sus ‘fieras’ siempre están disponibles para él, son sus juezas, sus árbitros que le tocan el silbato y presionan el espray cuando vuelve después de tiempo a reconocer el campo. Él tiene el mundo y la suerte a sus pies. Tiene coraje y valentía desde chibolo. Es de los muchachos que no necesitan estar en lista para entrar a una fiesta, de los que no pagan pasaje en el bus, de los que chupan con 3 soles, de los que tienen talento para sacarle la fiera que cada mujer lleva adentro, de los que abren la botella de cerveza con la boca o la hebilla de la correa. Pero él sabía que tenía que sentar cabeza. Ya no quería más jugarse un clásico con sus ‘fieras’ porque como buen goleador un puntazo podía reventar la net del arco y un cachorro con una desconocida podía ser peor que irse al descenso.

Adrián, Pía y Mauricio coincidieron en una fiesta en el pintoresco barrio de San Luis. Adrián intentó sacar a bailar a Pía; sin embargo, Mauricio Weedman lo impidió dándole un puñete al ex futbolista, quien no arrugó y devolvió el golpe; no obstante, tuvo que retirarse de inmediato porque parte de los invitados de la fiesta eran del Dínamo, grupo de jóvenes del que era amigo Mauricio. Pía se sentía contenta de que dos hombres se peleen por ella. La risa de Pía fue una terrible lesión en el corazón para Adrián.

Se sabía en el barrio que Mauricio había tenido problemas con las drogas. Apellidarse Weedman es una tentación, casi una premonición para consumir estupefacientes. Marihuana y cocaína eran los narcóticos preferidos por el joven. Esto explica sus repentinos cambios de conducta y carácter agresivo que a veces él tenía para con Pía. Al enterarse que algo andaba mal, un amigo de Pía, en secreto, comenzó a seguir a Mauricio para descubrir qué clase de persona realmente era. Un antidoping y lo sacaba del juego. Mismo Maradona en el mundial del 94. Mientras que poco a poco Pía se iba dando cuenta de los problemas que Weedman tenía, él solo atinaba a victimizarse y ella caía redondita. El amigo que descubrió toda la mentira que encerraba Mauricio era un chimbombo. Se llamaba Luca Brito un amanerado estudiante de Arquitectura de la Católica que también le gusta jugar al fútbol, pero prefería meter autogoles. Luca Brito descubrió que Mauricio no había estudiado en el Newton College de La Molina sino en el Isaac Newton de Jesús María, también se enteró que no vivía en la avenida 28 de Julio en Miraflores cerca a la playa, sino en la avenida 28 de Julio en La Victoria cerca a la playa de estacionamiento y finalmente que no había ido de viaje 5 meses a Canadá para volar alto porque quería ser piloto comercial, sino que fue recluido 5 meses en ‘canadá’ San Jorge por comercializar marihuana y de hecho volaba alto pero con la hierba que lanzaba. Pía al enterarse que su relación con Mauricio se construía en base de mentiras, además de ser frecuente consumidor de narcóticos, terminó con él y consideró necesario estar sola por un buen tiempo. Necesitaba un entretiempo.

Adrián emprendió el contragolpe. Fue a buscar a Pía a su casa. Le pidió disculpas por dejarla y propuso preparar un queque relleno de fudge, aunque la que hizo todo el trabajo fue Pía. De todos modos, Adrián está acostumbrado a que le hagan todo el trabajo, él siempre disfruta. Y esta no fue la excepción, disfrutó de todo el queque de su ex. Cuando la conversación y la sesión de repostería terminaron, tenían que ir al plato fuerte. Adrián se estaba jugando los descuentos y tenía que mandarse con todo al ataque. Lo hizo y parecía tener relativo éxito. Pía disfrutó de un largo beso con Adrián por largos minutos; sin embargo, ella le dijo que se sentía confundida y le pidió que se vaya. El ex futbolista se sintió derrotado, tuvo la sensación que perdió el partido en el último minuto.

Pía Gonzales, por su parte, se sentía culpable por haber terminado con Mauricio. A pesar que le haya mentido con algunas cosas sobre su vida, ella no podía ser mezquina con los buenos momentos que pasaron juntos. Sobre el consumo de drogas y su carácter impulsivo consideró que debería apoyarlo y llevarlo donde especialistas que lo ayuden a mejorar sus actitudes. Pero, por la cabeza también le pasaba el nombre de Adrián, quien le dedicaba todos los goles. Pía sin pensar bien lo que hacía fue a buscar a Mauricio Weedman para ofrecerle, como amigos, su ayuda y la sorpresa que recibió fue grande. Vio en el parque a Mauricio Weedman besándose con Luca Brito apasionadamente. Ella no dijo ni una sola palabra al ver que su ex jugaba para el otro equipo y fue corriendo a llorar a su cama. Era obvio que Luca Brito desenmascaró y vendió a su propio galán Mauricio Weedman para que se aleje de Pía y tenga el camino libre para iniciar un pinky romance con él. ¡Un pase taquito de Luca Brito para Adrián!

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Ya más calmada, Pía aceptó retomar su relación con Adrián. Aunque para eso tuvo que aclarar que ella era la entrenadora porque los hombres serán jugadorazos pero ella ya aprendió a dominarlos. Dicho esto, Pía le aconsejó que no se aleje de sus sueños y vuelva a jugar fútbol. Le dijo que el fútbol es su pasión y uno tiene que vivir siempre haciendo lo que más le gusta. Adrián retomó el fútbol y fue a cada partido de la liga distrital con Pía. Ella celebraba cada gol que anotaba su enamorado y cada gol que le anotaba a ella. De esta forma el futbolista y la entrenadora fueron felices juntos por mucho tiempo y, claro, Luca Brito y Mauricio también. Final del partido.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Escribe: Ángel Reyes ALUMNO DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ

Magda se estaba comportando como una diosa exorbitante en esa primera vez. Yo no me sentía a la altura de su grandeza, así que poco a poco ella fue tomando protagonismo en esa escena que consumía mi adrenalina de manera agónica, hasta que intercambiamos roles y ella se volvía macho y yo hembra. Así me di cuenta de que ella era el complemento perfecto para mí, solo debía acabar esta agotadora obra de teatro y esperar a que los odiosos espectadores dejen de aplaudir nuestro deslucido espectáculo que a duras penas fue ensayado.

Mi cabello es rubio y ondulado, las chicas creen que soy gay, no piensan que abusaré de ellas, confían en mí. Así somos los amanerados, siempre nos llevamos gratis la mejor carne. JA, tira de ilusas, creen que a uno no se le para. Nada malo puede pasar. Magdalena es la chica más tierna que he conocido. Es la primera vez que se despiertan sentimientos bonitos en mí por una chica. Voy a usar mi reputación de homosexual para tener su confianza y después caerle con todo.

Cuando ella sea mía dejaré de ser objeto de burla de todos esos galanes y fortachones que aparentemente están mejor dotados que yo para el sexo. No debería fijarme en eso, pero no prueba nada. Es pura casualidad que cada vez que un hombre se atraviese sea la entrepierna lo primero que le mire. Que quede claro que no soy ningún maricón, aunque no tenga cómo probarlo y esa diosa me haga sentir como una esclava lesbiana. Magda es dominante y tierna. Tiene una personalidad vivaracha y sabe cómo complacer y consentir a sus patas de manera discreta.

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Cada noche me imagino junto a Rafael en el altar, cada día pasa y no consigo que se enamore de mí. Pero sentí que el otro grande del elenco me miraba raro detrás del telón, creo que a ese “como se llame” le gusto. Es bonito y sensible, pero no es mi tipo. En realidad esto me pasa con la mitad de chicos que conozco, la mayoría de ellos babean por mí y yo tengo que hacerme la desentendida. Se creen más astutos que yo, creen que no me doy cuenta, se creen virolos y caletas. Lo que me duele es que entre Rafa y yo pasa lo contrario y no puedo disimularlo.

Si quiero salir con Rafa tendré que hablar con Romina, es verdad que no me cae bien porque es completamente distinta a mí. Yo soy coqueta, dominante y amorosa; mientras que ella puede hacer lo que sea con tal de resaltar entre todos los hombres y que alguno se anime a aventurarse con ella en la oscuridad. Lamentablemente, a pesar de nuestras diferencias para atrapar a los hombres, voy a necesitar su ayuda para ir al cine con mi amado Rafael.

Romina es tan manipulable, de pies a cabeza. Esa descarada es solo una hueca que quiere intimidad, afortunadamente acabo de recordar al “como se llame”. Si lo invito al cine, aceptará; si él va al cine, lo usaré como la carnada de Romina para que acepte; y si Romina acepta, ella llevará a Rafa y yo seré toda una leona para que caiga directo a mis garras. No se ve tan difícil la hazaña, es un simple juego de ajedrez en el que los peones se moverán a mi placer y yo seré la poderosa reina blanca que secuestrará a su rey negro no correspondido. Me da pena hacer esto, pero así somos nosotras, movemos montañas por amor.

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Fue muy linda Magda ayer, me sentí como un verdadero rey. Recuerdo perfectamente como me puso el saco y después anudó mis zapatillas. Ella tiene pinta de ser calculadora en ocasiones, pero eso no significa que sea mala. Tengo que reconocer que la flaca sabe lo que quiere. En síntesis, no puedo negar la dulzura de esta mujer de cabello liso y castaño. Lo que me confunde es que sorpresivamente Romi me llamó para invitarme al cine. Ella tiene pinta de ser movidita, pero no pensé que conmigo sería tan mandada.

Creo que me conviene salir con Romi esta noche, ya que no me puedo dejar llevar por los encantos de Magda. Gusta me comentó que siente algo por ella y no sería capaz de traicionarlo. Sinceramente lo amo, no es que sea gay, pero tengo un gran aprecio hacia mi causa. Llamaré a Romi lo antes posible para confirmarle que iré a su jaula a recogerla. Me siento enfermo, pero tal vez así me liberaré del estrés de este terrible y agobiante año, además evitaré problemas con Gustavito.

Lo que aún no entiendo es porque Romina, la misma Romina Álvarez Calderón, me invitó a salir. No somos muy amigos y no me lanza miraditas como sí lo hace con Gustavo. Es más, cuando me llamó solo me dijo si quería ir al cine. Ella es más elocuente, se manda tremendos discursos. Tal vez no me he dado cuenta de lo enamorada que ha estado de mí. Seguramente por eso es tímida conmigo. Ahora todo tiene sentido, además, ellas siempre son más vergonzosas para invitarnos a salir. También me parece raro que una chica de tanta clase como ella haya tenido que rebajarse para invitar a salir a un chico. Todo esto me confunde.

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Al fin esa Magda se hizo una, tantas lunas llenas enamorada de mi Gustavo Gatti y al fin saldré con él. Sé que todos creen que no soy decente y que me acostaría con cualquier chico si fuera necesario, pero descarto esa ontología cuando pienso en mi Gustavito. Mi gato tiene unos rulitos amarillos que son prodigiosos y me da mucho roche hablarle, es tan guapo. A veces lo miro, pero no sé como mandarle más indirectas. Reconozco que a veces envidio a Magdalena porque ella consigue que los hombres le hablen sin hacer gran cosa.

Sé que a Magdalena no le caigo y también sé que me está utilizando para caerle con todo a Rafa, pero si voy a ser utilizada para que Gustavo sea mío dejaré de lado el orgullo. Lo que me molesta es que últimamente mi amor platónico la ha estado mirando mucho. Aunque esto no me preocupa, estoy convencida de que en el amor siempre ganamos nosotras. Mis cinco enamorados han caído como perros ante mis encantos y como cucarachas los he terminado.

Más allá de lo guapo que es Gustavo, lo que me preocupa es lo afeminado que es. Es cierto que esos son los más lindos, pero qué pasaría si me sacara la vuelta con un hombre. No soportaría la rabia si me enterara de que me hizo cachuda con alguien como Rafael, ya que ellos son muy amigos. Riesgos son riesgos, tan solo verlo agarrar con Magdalena me haría buitrear. Estoy a punto de comenzar con el mayor riesgo al salir con Rafael, que no me gusta. Sería trágico si Magdalena no cumpliera su parte del trato y no se apareciera con Gustavo. No creo que sea tan perra, así que voy a alistarme para que Gusta note lo hermosa que soy.

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El príncipe era Gustavo y la princesa era Magdalena. Nunca se supo el nombre de la obra ni la razón por la que no se besaron después de haberse dicho “Te amo” en el momento cumbre. Más allá de la poca planificación y la excesiva improvisación, el esfuerzo de los jóvenes actores fue muy aplaudido. Era la primera vez como elenco teatral de estos chibolos pitucos e hijos de papá. Todos sus antecesores asistentes tenían que aplaudir e inflar su ego porque estos engendros inmaduros y engreídos heredarían sus empresas en el futuro.

Cuando acabó la obra estaba Romina a un costado del telón haciendo el gesto lloroso de un bebé cuando lo están inyectando en el potito. Todos conocían a Romina, esa típica arpía sin sentimientos ante el público que siempre consigue lo que quiere, pero nadie se había detenido a explorar su lado sensible. Le había dolido en lo más profundo de su ser haber quedado relegada en el papel de árbol cuando ella quería ser la princesa de su Gustavo.

-¿Por qué tanto dolor flaca? ¿No usaste condón? –preguntó un actor que la odiaba.  

-Alucina pavo –respondió ella sollozando-, luego le mandó un denso y tupido escupitajo.

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Romina llegó a su casa iracunda y con los ojos colorados. Daba el aspecto de que estuviera lanzada. Ante esta indecente llegada sus papás se mostraron molestos, pero ella los ignoró y entró a su habitación para cerrar la puerta violentamente después. Se sentía como la mujer más miserable en la faz de la tierra hasta que milagrosamente recibió una sorpresiva llamada.

-¿Aló Romi? Antes de que me cuelgues, porque supongo que ya reconociste mi voz, quiero proponerte algo, ya que sé que sientes algo por Gusta –inició Magdalena.

-¿Qué fue? –respondió cortante Romina.

-Voy a ser franca contigo, el se muere por mí, así que lo invitaré a salir. El problema es que yo me muero por Rafa. Si tu lo invitas al cine, yo llevo a Gusta y las dos felices. ¿Qué dices? –Propuso Magdalena-. Sé que interesa.

-Eres más pendeja de lo que creí Magda, pero tenemos un trato –finalizó Romina y cortó sin despedirse.

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El primero en llegar al cine fue Gustavo, el más entusiasta e ingenuo de todos. Era el que tenía todas las de perder según el plan de las chicas. Es cierto que se quedaría con Romina, pero no era lo que él deseaba. No se imaginaba que Magdalena no lo deseaba, ni siquiera le pidió que vaya a recogerla. Ella solo lo veía como la carnada. No se acordaba ni de su nombre, lo conocía como el “como se llame”. “Ya quiero que llegue, ya quiero que llegue”, decía nervioso. Se sintió algo confundido después de varias vueltas, pero finalmente Magdalena llegó.

-Hola… Raf… Gustavo –lo saludó Magdalena.

-Magda, quería darte es… -le dijo Gustavo hasta que Magdalena lo interrumpió.

-Espero que no te moleste, pero invité a Rafa y a una amiga del elenco que seguramente ya conoces –agregó Magdalena.

-No te preocupes, Rafa es mi pata –respondió decaído Gustavo.

Después de esa conversación que dejó desanimado a Gustavo, llegaron Romina y Rafael como ya estaba pactado. Se saludaron entre todos, tardaron unos minutos en la cola, compraron las entradas y se dirigieron a ver la película. Al acabar la función se intercambiaron las parejas como estaba planeado.

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-Pero yo te amo Gustavo –gritó Romina-, no me hagas este daño, soy más tierna de lo que crees.

-A ver, ¡acuéstate conmigo! Pruébalo –exclamó Gustavo-. Me has conmovido, pero necesito que me pruebes tu amor.

Entraron al hotel más cercano con el consentimiento de Romina, quien sabía que los otros dos también se encontraban copulando en una de sus habitaciones. Cuando ingresaron al cuarto Romina se trepó encima de Gustavo y lo desnudó inmediatamente y dio todo de sí para complacerlo. No se preocupó por preguntarle a Gustavo si estaba usando protección. Estaba convencida de que después de más de tres horas de salvajismo entre ellos Gustavo se olvidaría de Magdalena y de que fue su princesita.

-Te amo Romi, estás rica –cuchicheó Gustavo.

Luego entraron Rafael y Magdalena a la habitación del hotel, cada uno con una botella de Whisky en la mano. Magdalena vio desnudo a Gustavo y cambió de idea. Automáticamente se enamoró de él, con el apoyo de su estado de ebriedad. Ante esto Rafael expresó su enojo.

-Yo también amo a Gustavo, ustedes saben que soy gay –declaró Rafael.

Así Rafael fue a la cama a besarlo apasionadamente, tratando de incorporar su lengua sutilmente. Mientras Magdalena y Romina acariciaban sus partes íntimas por turnos.

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El gran Gustavo Gatti se sentía el rey en esa noche hasta que dejó de dar vueltas y vio a Magdalena un poco borrosa. Una vez que ya la reconoció perfectamente se mostró confundido.

-Perdón por la demora Gustavo. Pensé venir con unos amigos, pero me plantaron. Entremos al cine –le dijo Magdalena desconcertada.

domingo, 1 de diciembre de 2013

LO BUENO Y LO MALO DE CUMPLIR 18 AÑOS

ESCRIBE: FERNANDO ESLAVA (@topopitt)

Mañana es mi cumpleaños y estoy pasando un agradable momento con mis amigos de la Universidad Católica en el Piano Bar Múnich. El veterano tecladista toca Flaca de Andrés Calamaro mientras que los clientes cantan el coro de la canción a viva voz y los sufridos del amor lloran desconsoladamente en los hombros de sus amigos estimulados por el alcohol. Las botellas vacías de Pilsen, con su verde característico, aumentan rápidamente en la mesa redonda de madera, la melodía acompaña una interesante tertulia con mis compañeros de aula con quienes platico sobre nuestras metas como profesionales festejando que egresamos de Estudios Generales y de paso que, en pocos minutos, cumplo 18 años de edad. Llega la medianoche y mis amigos me saludan efusivamente –Por fin chato, ya tienes 18- acompañando sus buenos deseos con un abrazo que emanaba las ganas de seguir libando. El formal coloquio que sostenemos se va transformando en las típicas conversaciones de jóvenes: sobre sexo, mujeres y acciones épicas, a medida que las birras se iban consumiendo. El pianista se fue, las cervezas se acabaron y la noche de celebración terminó para mí. Mis amigos se excedieron al beber y no tenían ganas de moverse de aquella mesa de madera que rechinaba por la antigüedad de su fabricación. Les dije que iría al baño, pero, en realidad, me fui del Bar Múnich. De cierta forma, me abruma tomar la decisión de dejarlos solos en ese lugar, más aún, por lo difícil que es subir las escaleras ebrio, pero, sé que saldrán bien librados del asunto. Camino solo por la fría acera de Jirón de la Unión. Felizmente ninguna casquivana se me acerca para ofrecerme su servicio sexual para llevar a cabo una sesión amatoria de alquiler. Me percato de lo sucio que mantiene Susana Villarán el Centro de Lima y llegando a la Plaza San Martín tomo el primer taxi que pasa antes que el lumpen se aproveche de mi estado de ebriedad. Mientras paso por la Vía Expresa recuerdo que ya soy mayor de edad, que tengo 18 años, que soy libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. Debería ser un momento especial -¡Ya puedo hacer lo que me dé la gana!- pero entiendo que todo seguirá igual, que cumplir 18 años no significa nada, que mi vida no cambiará y seguiré subordinado a las decisiones que la sociedad conyugal de mis padres tome. Bajo del taxi en la puerta de mi casa con la convicción de haber festejado por gusto, que la celebración por mi cumpleaños fue una farsa, que no hubo nada que celebrar. Entro a mis aposentos convencido que, cumplir 18 años, es una total estafa. En realidad no soy libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende.

A pesar de estar bajo los efectos del elixir no tengo problemas en sacar una botella de Evian y un paquete de galletas Chips Ahoy! del frigobar de mi alcoba para entrar en un momento de meditación sobre las libertades que me da la ley peruana ahora que tengo la mayoría de edad y me di cuenta que no existe ninguna novedad.

Hace algunos años parte del vacilón de cumplir 18 era obtener el DNI azul, pero, yo ya lo tenía desde los 17. Entonces, pienso que ahora ya puedo ingresar al hotel para complacer a mis lobas y a mi enamorada, pero eso ya lo vengo realizando cada vez que me exigen rugir. ¡Jóvenes arrechos, ese es mi Perú! A partir de la mayoría de edad estoy autorizado para comprar licor y cigarrillos; sin embargo, trasgredir esa norma es una costumbre en La Victoria así que no es nada sorprendente porque desde los 13 años soy cliente de mis ricas gringas helenas. ¡Qué viva súmate +18 y las hipócritas campañas de Backus! Llevo a mi mente entonces que con dieciocho años ya puedo ingresar a las discotecas más paradoras de Lima, pero, también hago memoria que desde los 13 años entro a las perrotecas para chibolos y desde los 16 a todas esas discotecas para adultos como Céntrica, Gótica, Drama, Aura en zona VIP sin corromper al guardia, gracias a que mi amigo Rocco es hijo del gerente comercial y nos mete en lista cada vez que puede. ¡Qué viva la igualdad y el respeto a la ley en nuestro país! Con 18 años por fin tengo permiso para jugar Te apuesto, Ganagol, La Tinka y las Rapitinkas, pero no es novedad porque desde los 5 años juego en la lotería ¡Qué viva la campaña de Juego responsable de Intralot! Al cumplir 18 años ya estoy facultado para obtener mi licencia de conducir y manejar un auto por primera vez, pero, para mí la licencia me la otorgué yo mismo a los 15 años cuando mi primo Jackson me enseñó a maniobrar su Porsche por las callecitas aledañas a la Alameda del Corregidor y ahora hago piques al final de la Javier Prado. Ni siquiera puedo cumplir la promesa que le hice a mi padre de que a penas cumpla 18 años trabajaré y me compraré todo lo que quiera cuando él no me compró el libro original de Harry Potter y la piedra filosofal cuando tenía 7 años Claro está que no pienso trabajar por el momento y seguiré siendo un mantenido por mis padres.

Mi Blackberry vibra. Son mis amigos de la Católica que ya notaron mi ausencia en el Bar Múnich. Seguro ya buitrearon y volvieron a estar conscientes. Recibo varias puteadas por haberlos abandonado, les pido disculpas y atino a justificarme aduciendo que mi madre me llamaba desesperadamente para que regrese a casa. Corto la llamada con el remordimiento de haberme portado como un mal pata, pero entusiasmado por poder seguir descubriendo la verdad a cerca de cumplir 18 años.

Me estoy dando cuenta que cumplir 18 es un mero protocolo, un trámite de la vida que estás obligado a pasar. No es la puerta a la adultez, ni mucho menos a la madurez. No tuve ‘presentación a la sociedad’, ni me regalaron un auto como si lo hicieron los padres de mi vecino Jorge Luis Lindley. Ser un mayor de edad en realidad es un perjuicio, es un momento trágico de tu vida en el que la ley y el sistema te atormenta con los castigos más macabros que puedas imaginar. Ahora estoy obligado a votar en las elecciones. Tengo que decidir quien va a ser el próximo gobernante o asaltante de este país. Además, corro el riesgo de ser elegido miembro de mesa por ser tan sincero al registrar mis estudios universitarios en la RENIEC. Ser mayor de edad implica que te llamen por teléfono incansablemente de algún banco o supermercado para ofrecerte sus estafadoras tarjetas de crédito que te suman en el ahogamiento, la deuda y la crisis económica personal. Cumplir 18 años de edad significa que cualquier error que cometa en mi vida tendré que pagarlo con cárcel, significa que me pueden canear y que si me llevan a la comisaría ya no me derivarán a Familia para que llamen a mis padres y me saquen de ese lugar.

Estoy a punto de quedarme dormido. El reloj LED proyecta en números de color rojos que son las 3:50 de la mañana en el techo de mi habitación. Queda confirmado que cumplir 18 años no sirve para nada, peor aún, te condiciona la vida. Seré un ciudadano con derecho a elegir y ser elegido, pero a mí ¡que me importa la política peruana! si es corrupta e incapaz de solucionar los problemas de este país. Mi mamá se despierta para ir al excusado (es su rutina de las 4 de la mañana), pero antes no duda en acercarse a taparme con la colcha y darme un besito de buenas noches. ¡Qué dulce es mi mami!

El sueño me ganó. Despierto tarde. Mi mamá es la primera que me saluda por mi cumpleaños y me da mi obsequio favorito: una tarjeta de Saga Falabella recargada con 1000 soles para comprar ropa (Billabong, Huntington y RipCurl no más porque DC, Dunkelvolk, Quicksilver, Element y Volcom están en Ripley).  Mi mamá siempre me dice que me da el dinero en plástico ‘para que no me tire el dinero en cochinadas’. Aprovecho su dulzura para pedirle permiso para un viaje, pero ahí se le acaba la dulzura. No me dará permiso para irme de vacaciones a Máncora con mis amigos de promoción porque le da miedo que yo vaya a la playa. Las noticias sensacionalistas de 90 Central la ponen muy nerviosa y cree que su hiperactivo hijo terminará sucumbiendo ante las monstruosas olas del mar de Piura. Cuando tenía 15 años no me dio permiso para ir a un quinceañero en Huaral terminando su sermón con la frase ‘Cuando tengas 18 haces lo que quieras, te vas a la China si quieres’. Ahora que ya cumplí su requisito me dice ‘Tienes 18 años pero igual no te doy permiso porque dependes de mí. Cuando te pagues la universidad, trabajes, seas responsable, te mantengas y no vivas bajo mi techo podrás hacer lo que quieras’. Ay mamá, me hubieras adelantado que esos eran los verdaderos requisitos para poder hacer lo que me dé la gana y ser libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende.

Por lo pronto, no pienso en pagarme la universidad, ni trabajar, mucho menos en ser responsable, mantenerme y mudarme a otra casa. Lo único que seguiré haciendo es ir a tomar las Pilsen con mis amigos de la Católica en el Bar Múnich, pero esta vez con la promesa de no dejarlos tirados en la cantina, sino invitarles la bajada (el rico salchipapón) y continuar libando hasta las últimas consecuencias, como causas, como patas, como hermanos. Así seré libre de verdad. ¡Salud por los 18, chato!

jueves, 10 de octubre de 2013

Son las once de la mañana y los rayos de sol ingresan por mi ventana directo a segarme los ojos. Me duele la cabeza por la borrachera que me metí ayer con mis patas de barrio, aunque yo detesto decir que estuve borracho, prefiero decir que me embriagué, me pasé de copas o me excedí al libar unas birras con mis amigos.

Para cualquier persona llamarse Gustavo Gildemeister es una bendición de Dios; sin embargo, para mí ha sido una cruz muy pesada de llevar en mis 17 años de vida. Estoy seguro que todos los que llevan el mismo apellido alemán que yo han podido levantarse a las mejores flacas de su entorno social y han tenido mucha suerte en el amor. A diferencia de mi, que soy un fracasado en las cosas del corazón. Un tipo solo con fama de pavo y maricón.

Mi apellido Gildemeister no me aseguró belleza física ni dinero. Mi papá es en realidad un bastardo producto de la calentura sexual del hijo de un hacendado, Aurelio Gildemeister, con la ama de llaves de su hacienda, mi abuela. Por lo menos mi abuelo Aurelio firmó a mi padre y me regaló un apellido impronunciable que hoy se luce en la fachada de una tienda de autos en la avenida Javier Prado. Demás está decir que los dueños de la hacienda echaron a mi abuela de la casa y ella tuvo que emigrar a Lima en busca de un futuro mejor con su hijo en brazos, aunque ya había logrado ‘mejorar la raza’. Esto explica que si bien tengo algunos rasgos europeos, soy gordo, chato y misio.

Yo no sé porque las mujeres nunca se fijan en un hombre inteligente, educado, noble y con cualidades de trovador. Ellas prefieren los pendejos, rubios y arrechos. Si bien yo cumplía la característica de ser medio rubio mi baja estatura, mi gordura y la fama de pavo y maricón que tengo me convirtieron en un rechazado por las mujeres de la peor manera. No puedo dejar de lamentarme por tener tan mala suerte en el amor, pero debía intentar por última vez gilear a una flaca.

Mi amigo André, un tipo de barrio, me invitó a una fiesta en Balconcillo para levantarme la moral. Por la zona donde era la fiesta pensé que me iba a ser más fácil encontrar una víctima para desfogar mi pasión aguantada por 17 años; sin embargo iba a pasar terribles humillaciones.

Tenía que darme valor y junto a André tomamos parte del  whisky Old Parr que le robó a su viejo. Me acerqué de frente donde una rubia de exuberante figura y le pregunté si quería bailar, ella me dijo ´´No, gracias’’, cagándome olímpicamente. André me sugirió que no invite de manera tan cordial a bailar a las féminas sino que solo me ponga cerca de la víctima, baile un poco, la siga con la mirada hasta que roce mi cuerpo con el de la ella.

Le hice caso a mi amigo, saque a bailar a una linda chica, la agarré de la cintura, perreamos un rato e intenté agarrármela pero se escabullía de mis garras. Nos sentamos a conversar porque el protocolo así lo manda. Fue ahí cuando apelé a mi apellido Gildemeister para darle más valor a mi persona. La flaca se paró intempestivamente y me dijo ‘‘lo siento yo soy judía, si mi papá se entera que me gusta un alemán me mata’’.

Definitivamente la suerte no estaba de mi lado, pero mi espíritu masoquista me llevó a invitarle un trago a una chica de cabello ondulado que accedió con una sonrisa pícara. Bailamos una canción de La Charanga Habanera y se meneaba sensualmente para el deleite de mi mirada. Cuando me propuse llevarla a un lugar más tranquilo apareció un gringo alto, musculoso y de agradable apariencia. El gringo solo atinó a guiñarle el ojo a mi dama acompañante y ella se fue con él, dejándome parado en la pista de baile como a un perro sarnoso.

Completamente devastado me sentí en la necesidad de ahogar mis penas refugiándome en el líquido elemento. Por suerte quedaba media botella de Old Parr y algunas chelas que regalaban los organizadores de la fiesta las cuales las tomé con mi amigo André. Entre copas le conté todas las desgracias de amor que he pasado a lo largo de mi vida, el no decía nada sólo me consolaba invitándome un pucho o sirviéndome más alcohol hasta que llegó el momento de las lágrimas. Le decía que al apellidarme Gildemeister vendía mucho humo, las mujeres esperan que sea un tipo con dinero y muy guapo. Mejor hubiera tenido un apellido normal y no se generaban tantas expectativas.

Tenía ganas de refregarle en la cara a esas mujeres que me chotearon la calidad de hombre que se perdían, pero, por suerte, André me sacó del tono para invitarme un Chifa. Bajamos caminando hasta la avenida Santa Catalina y entramos al restaurante oriental Wa Lei, el mejor de la urbanización. Pedimos arroz chaufa con Tipakay y una fuente de Chijaukay con wantán frito. El problema llegó cuando la cuenta salió 45 soles y mi amigo André solo tenía un billete falsísimo de 50, la única opción era irnos corriendo del local, pero, con la valentía (y cojudez) originada por el trago me dio la fuerza de tomar el billete e ir a pagarlo en la caja. Le dije a la cajera que se quede con el vuelto y me traiga en un taper lo que sobró de la comida. La señorita me dijo que era un fresco, conchudo y burlón porque el billete era falso. Ordenó el cierre de las puertas y llamó a la policía.

Todo se estaba saliendo de control. La noche en la que iba a gilear a una flaca rica se convirtió en mi peor pesadilla. Llegó la policía y nos metió al patrullero para llevarnos a la Comisaría de Apolo en la que fuimos retenidos juntos con unos delincuentes que estaban sangrando. Yo apelé a mi apellido Gildemeister para que me dejen libre; sin embargo, el oficial me dijo que ese apellido no tenía influencias en su institución y lo que vale es la plata así que si colaboraba con su persona era la única manera de evitar que tenga que llamar a mis padres para sacarme de esa sucia pocilga que llamaban comisaría.

Yo estaba muy asustado, caso contrario mi amigo André quien llamó a su papá, coronel de la PNP. Su padre llegó a rescatarnos luego de propinar una larga lista de insultos contra su hijo por cometer tal estupidez. El comisario le pidió disculpas al papá de mi amigo y arremetió contra mí: ‘‘Mi coronel, su hijo es una persona muy tranquila, pero tiene que fijarse con quienes se junta. Ese muchacho es una mala influencia para él’’. Yo estaba desconcertado. El puto policía intentó desprestigiarme en una actitud cobarde de chupamedias, de sobón y huelepedos con su superior. Claro, nunca llegan cuando hay asaltos, asesinatos, robos, pero cuando dos adolescentes indefensos cometen una palomillada ahí están jodiendo la vida. Al final salimos de ese centro policial, por supuesto no pagamos el chifa y me dejaron en la puerta de mi casa.

Qué otra desgracia podía ocurrirme. Aún seguía bajo los efectos del licor y no estaba nada sobrio. Abrí con la llave correcta la reja de mi casa, pero mi borrachera me nubló la mente e introduje la misma llave con la que abrí la reja en la puerta principal de madera. Obviamente esta no se abrió y yo continué forzando la chapa hasta que la llave se rompió y la mitad de esta quedó atrapada dentro de la chapa. La empleada me salvó de los gritos de mi padre. La llamé a su celular y me abrió la puerta de forma cómplice, pero me dejó tirado en mi cuarto. Creo que ni a ella hubiera podido gilearme.

Ahora, son las once y media de la mañana y los rayos del sol continúan ingresando por mi ventana directo a segarme los ojos y a refrescarme la memoria de mi triste noche de viernes. Bajo las escaleras corriendo para ir al cerrajero y arreglar la chapa, pero me encuentro con mi papá cerca de la puerta y con una cara de adolescente me pregunta: ‘Gus, qué tal el tono, ¿A cuántas flacas te agarraste ayer?’

jueves, 1 de agosto de 2013

Clic para leer la Parte 1 

Parte 2 / Por: Anónimo

Mike se subió el pantalón, destrozó brevemente los labios de Venus y fue el primero en retirarse del baño. Quedé solo con Venus por unos minutos, estaba teniendo el privilegio de ver a esa chica de belleza exuberante completamente desnuda frente a mis ojos, que estaban húmedos y brillantes al presenciar su escultural figura, esto no le gustó y me tiró un par de cachetadas para reaccionar. Yo tenía ganas de decirle algo antes de que ambos nos retiremos de allí, pero ella notó el poderoso deseo que tenía de publicar el revelador video sin importar las consecuencias y me hizo una seña para que no dijera una sola palabra. Ella se agachó y me bajó el pantalón lentamente, luego saboreó todo lo que encontró por un corto rato y me guiñó el ojo cuando terminó. La hembra se mandó una menta a la boca, la masticó rápido, me mandó una sonrisa pícara, abrió la puerta y se fue.

Ya estaba viviendo una noche para el recuerdo sin siquiera haber sido invitado a la fiesta, pero mi misión debía proseguir. Después de haberme secado el sudor que emanaba de mis cachetes salí de la ducha y encontré en los pasillos a mi gran amigo Mikhail besando a una chica. Hice un zapateo para llamar su atención, Mikhail me sonrió y me presentó a su amiga. Ella era Chirlei, una joven de origen ayacuchano, pero que se jactaba de tener un abuelo inglés; sin embargo, la mujer presentaba unos rasgos autóctonos muy notorios y su figura estaba demasiado descuidada como para haber sido criada por descendientes anglosajones.

Mikhail interrumpió su ósculo con esta desproporcionada, marginal y sobre todo astuta mujer para indicarme un buen escondite. Mi amigo me dijo que ellos se estaban dirigiendo a la habitación del hermano mayor de Yesi para mantener su primer coito, pero que por la confianza que tenía conmigo no tenía problema en que yo comparta el ambiente con ellos para seguir con mi investigación.

Me escondí detrás de Mikhail y Chirlei en el camino hacia la habitación, hasta que de pronto un terrible ruido resquebrajó nuestros oídos. Se trataba de un muchacho aparentemente en estado de ebriedad que había despedazado el jarrón más preciado de Yesi. La anfitriona se mostró sumamente furiosa y lo sacudió hasta tirarlo al piso, una vez allí le pateó los huevos sin ningún tipo de piedad.

Le pregunté a Mikhail el nombre de ese engendro tan despreocupado por la vida, se trataba de Tony Kant. Este pillo era demasiado vago para resistir el ritmo del sistema educativo y en el penúltimo grado de media fue demasiado lejos. La directora de su escuela lo citó en su oficina para dialogar con calma y ver si podía lograr que se comprometa a mejorar su situación académica, pero al no llegar a un acuerdo completamente favorable le sacó el dedo medio y no volvió jamás a dicha institución educativa.

Tony, tan relajado como siempre, se sobó los huevos y siguió festejando con sus patas sin haber estado completamente consciente de la tremenda burrada que había cometido. Anoté este nuevo suceso de la fiesta, concluí que hay personas que al parecer funcionan como un robot malogrado cuando son dominados por los efectos de diferentes tipos de sustancias. Algunas personas tienen habilidades físicas y otras mentales, pero al ver las payasadas de Tony en un grave estado de inconsciencia me di cuenta de que hay una tercera categoría de personas con un innato y exclusivo talento para dejarse llevar por sus instintos narcóticos.

Después de haber presenciado los primeros efectos del alcohol y el sexo sobre algunos varones asistentes a la fiesta me sentí realmente feliz, pues había logrado mi cometido de investigar a profundidad los fenómenos de género.

Me había dejado llevar tanto por la situación que ni siquiera les prestaba atención a mi amigo Mikhail y a su amiguita con derechos teniendo relaciones en esa misma habitación donde yo me encontraba. Solamente estaba con mi pequeña libreta apuntando lo último que había acontecido, hasta que decidí salir en búsqueda de algún otro fenómeno perteneciente al género masculino.

Abrí la puerta de la habitación, asomé mi cabeza hacia el exterior para ver si encontraba algo interesante y de pronto se acercaba hacia mí un muchacho cabizbajo, pálido y con la tendencia a sufrir un paro cardíaco en poco tiempo. Al principio me dio miedo, pues pensé que desquitaría la tristeza y el dolor que sentía delatándome por haberme infiltrado a la reunión sorpresa de Yesi, pero al verlo bien me di cuenta de que a éste lo conocía de alguna parte. Se trataba de Alfonso Cervantes, mi viejo amigo del jardín infantil.

Desde que lo conocí tan pequeño siempre pude notar la seriedad con la que se dirigía hacia sus semejantes. Nunca fue tan amigable, pero el que ganaba su confianza tenía un tesoro a su lado, pues el tipo era tan audaz que siempre tenía una solución para los problemas de sus verdaderos amigos. No pensé que volvería a verlo después de tantos años precisamente en un evento que no iba acorde a la personalidad fría y distante que siempre mostró.

Le di un sincero abrazo a mi viejo amigo y lo primero que hice fue preguntarle porqué estaba tan decaído, en respuesta solo me mostró su dedo índice tambaleando, pero al parecer apuntaba hacia alguien. Estuve lo más atento posible a su señal, su dedo se dirigía hacia el ambiente principal del hogar de Yesi, particularmente a otra hembra que para mi gusto era tan atractiva y deliciosa como Venus. Le pregunté si ella era el problema, y el asintió agonizando.

Lo hice pasar a la habitación en la que Mikhail y Chirlei se encontraban fornicando aún para darle un vaso de agua al pobre muchacho, ellos dos estaban tan concentrados en el coito que ni siquiera se dieron cuenta de que dejé pasar a mi amigo al cuarto. Él me contó un poco acerca de esa chica que le estaba dando un fuerte dolor de cabeza por alguna razón.

Se trataba de Silvia Tolosa, una fémina de ojos voluminosos y una larga cabellera rubia; pero según Alfonso, de una gran personalidad. El amor con el que hacía cada una de las cosas que se ha propuesto a lo largo de su vida y en general el que demostraba hacia los que difícilmente ganaban su confianza la llevó a ser deseada por muchos varones, pero ella siempre les bajaba el dedo a último momento a la gran mayoría de ellos. Al parecer no le parecía urgente tener compañía masculina, ella era tan autosuficiente que el hecho de contemplar su belleza en el espejo diariamente alimentaba su ego y autoestima.

Alfonso me contó sollozando que hace algún tiempo se enamoró de esa egocéntrica muchacha de la noche a la mañana, sintió que de la nada quedó hechizado por sus encantos femeninos. Yo me quedé consternado, no podía creer que un tipo tan centrado y visionario como mi amigo Alfonso haya podido ser herido a manos de esa coqueta felina. Pero él insistía en que ella era el prototipo de mujer para sus gustos y que ésta ignoraba explícitamente su existencia. A pesar de todas las barreras que impedían que este romance se concrete me di cuenta de que estos dos sí podían hacer un buen equipo, ya que mi amigo se mostraba autosuficiente por el intelecto de sobra que mostraba y aquella gatita se mostraba de esa manera por su exorbitante encanto femenino. Por otro lado, para ganar la amistad de ambos siempre ha sido necesario ganar la confianza necesaria para imponerse a su desconfianza e inseguridad, característicos en su ADN.

El caso de Alfonso realmente me había conmovido, así que necesitaba hacer algo que lo motive a seguir adelante con sus metas. No podía detenerse en el camino por el simple hecho de no saber cómo acercarse a esa mujer que tanto deseaba, tenía que encontrar la manera de hacerlo reír para reconfortarlo.

Me acordé, por segunda vez, que en la habitación en la que nos encontrábamos seguía en progreso el salvaje acto sexual entre Chirlei y Mikhail. Al parecer mi amigo Mikhail ya la conocía en este terreno, pues se mostraba como un erudito en la cama, sin importar la pose que Chirlei necesitara para tener mayor placer y gritar de una manera más provocativa. Entonces, Alfonso y yo nos sentamos en el piso para ver el desenlace de la función, hasta que llegó el momento en el que Chirlei exprimió por completo a Mikhail. Ellos habían finalizado, nosotros aplaudimos efusivamente, se quedaron dormidos, Alfonso cambió su estado de ánimo con un par de carcajadas y a mí me apretaba el pantalón.

Después de que el sufrido chico botara algunas lágrimas al contarme su caso, quedó muy feliz con la clase magistral que Chirlei y Mikhail habían dado en la cama. Volví a quedar solo en la puerta de la habitación, entonces aproveché para sacar de nuevo mi pequeña libreta. Apunté lo que Alfonso me había contado y me propuse investigar lo que una mujer buscaba en un varón para montarse a él, ahora empezaba a ser tiempo de investigar el misterioso género femenino.

martes, 30 de julio de 2013

En esta cálida mañana debería estar jugando al golf con mis honorables compañeros y hermanos de la promoción XVIII del colegio Antonio Raimondi; pero estoy frente a mi laptop Apple, que está apoyada sobre mi escritorio de fino mármol para escribir un rato y despejar mi alma. Mi nombre es Francesco Rebagliati, me encanta comer caviar, vivo en La Planicie, no sé si conocen mi vecindario, probablemente no, pocos entran. Desde que nací me di cuenta de que la vida ha sido muy generosa conmigo: mis padres me llevaban al club Regatas cada vez que tenía ganas de jugar al tenis; contrataron a un chofer que estaba dispuesto a movilizarme a toda hora y a cualquier lugar; y el año pasado me pagaron un lujoso viaje a las Bahamas con mi bella enamorada Antonella.

El resplandor de mi vida no tenía límites, tenía todo a mi disposición, pero menos mal la vida me preparó algo diferente. Cierto día, en una lluviosa tarde de mayo, le pedí a Benito, mi chofer, que me llevara al estadio de Alianza Lima para ver el entrenamiento de mi amigo Mario, pero al parecer Benito estaba pasado de copas ese día y terminó estrellando el Ferrari de mi viejo y pinchando una de sus llantas en un humilde barrio cercano al estadio. Les pregunté a los civiles que caminaban donde me encontraba, nunca había visto una comunidad repleta de personas de rasgos andinos tan marcados, pensé que mi profesor de Historia del colegio Antonio Raimondi estaba loco y solo venía a contarnos leyendas cuando nos hablaba sobre los Incas. Se trataba del barrio de El Porvenir, ubicado en el tradicional distrito de La Victoria.

Me encontraba desolado con el ebrio Benito y una llanta pinchada, no sabía a dónde ir, hasta que llegaron tres adolescentes fornidos, de tez negra y con camisetas de mi querida Azurra que obviamente me daba cierta desconfianza al ver el logotipo y ver la palabra Pumba bordada al uniforme. Pensé que estos tres pillos se iban a pelar el Ferrari que tanto le costó a mi viejo, sin embargo, me sorprendieron cuando se dirigieron a la llanta y la arreglaron en cuestión de minutos. No parecían ser tan malos después de todo, boté un par de lágrimas y me quede paralizado por unos segundos al no saber cómo agradecerles a estos desafortunados muchachos. Para terminar mi aventura en el viejo barrio victoriano, abrí la maletera del vehículo y saqué tres camisetas: una del Inter, otra del Milan y otra de la Juve. Les entregué las camisetas y les estreché la mano, después juré durante mi regreso a La Planicie que jóvenes de gran corazón como estos ya no podían ser ignorados.

A mí siempre me había molestado que mi amigo Mario me haya querido persuadir para que juntos tomemos la iniciativa de ayudar a los más necesitados, marchar por problemas sociales que no nos afectaban, pero el iba por figuretti, para aparentar que era un luchador social y que no le peguen en los sitios bravos. Probablemente al acudir siempre al estadio íntimo conocía mejor esta realidad, pero yo nunca le hice caso porque siempre viví segado y no tenía conocimiento del mundo exterior. Ahora que tuve suerte para sobrevivirlo y me beneficié de la hospitalidad de sus jóvenes pobladores, estaba dispuesto a dedicar parte de mi vida a hacer sonreír con el dinero que tenía de sobra a las poblaciones relegadas del crecimiento económico del país, en parte porque ya no sabía que más hacer con tantos billetes inservibles en mi cuenta de ahorros.

Me ponía muy feliz esta situación, ahora que había abierto mi mente a otras realidades regresé a visitar a mis tres amigos y les invité algunos de mis cigarrillos Marlboro para pasar un buen momento. Era divertido pasar tiempo con ellos, con mis amigos de El Porvenir, pues la mayoría de mis patas del cole eran muy zanahorias y yo quería juntarme con gente más pilas y de buen corazón.

Mientras que mis amigos del Raimondi les gustaba hacer parrilladas y tomar el vino más fino que cogían de la casa; mis patas de El Porvenir, en cambio, nos reuníamos en un parque a tomar unas chelas y robar sanguches de los supermercados. Eso se adaptaba más a mí porque yo era un tipo de adrenalina. Tenía la vida hecha y me sacaba tragos de Vivanda por chongo, en cambio ellos lo hacían por necesidad, porque no tenían dinero para comprar. Con la gente del Raimondi iba a alentar a Alianza en el carro con el chofer y nos instalábamos en la tribuna de Occidente bien sentados a aplaudir cada jugada. En cambio, con los de El Porvenir se siente más pasión, vamos al estadio lateando, nos metemos al Comando Svr y nos metemos otras cosas más para estar loquísimos. Con los del colegio pituco hacemos competencias artísticas, sacamos nuestras acuarelas importadas y confeccionamos pinturas o lienzos para que nuestras madres le saquen cachita a las otras mamás. Mientras que con los de El Porvenir nos pasamos por la punta del pájaro el respeto por la propiedad privada y ensayamos nuestros más groseros graffitis en las casas abandonadas, puentes, paredes para sacarle cachita a los de la U o meterle terror al otro barrio.

Es por eso que sigo viendo a mis amigos de El Porvenir hasta ahora, es más, constantemente los invito a que me visiten a La Planicie y se llenen de buenas energías con las brisas de los árboles. Porque los quiero, porque a pesar que somos diferentes socioeconómicamente compartimos los mismos gustos y que ellos no puedan tener los lujos que yo tengo es por cuestiones de la vida, del sistema. Si me estás leyendo y eres millonario te aconsejo que no seas elitista, da lo que te sobra (al menos) y comamos caviares juntos pues la diversión está en los rincones más profundos de nuestra misteriosa capital con gente que quizá ni te imaginas.

domingo, 21 de julio de 2013

Parte 1 / Por: Anónimo

Parece ser natural que un grupo de personas busque reencontrarse por el más mínimo motivo después de haber pasado varios meses sin haberse visto. A pesar de las grandes peleas y conflictos internos que iban surgiendo con el pasar de los años, es normal que se extrañe la acción y el morbo protagonizados por los más conflictivos del grupo. Es por ello que los amigos más cercanos a Yesi, una adolescente cuya familia pertenece a la clase media trabajadora de la capital, decidieron organizarle una reu sorpresa para celebrar su ingreso a la PUCP. Al escuchar este llamado, los más toneros se apuntaron y decidieron armarla con todo.

Obviamente no fui invitado a la fiesta porque no conozco a Yesi, pero soy un estudiante de Antropología de UNMSM y tenía que hacer un trabajo de campo acerca de la interacción entre adolescentes de clase media en una fiesta. Para mi suerte, mi amigo de años, Mikhail, me dijo que él asistiría al evento sorpresa que mencioné anteriormente y que si quería me podía llevar para presentarme a toda la mancha; sin embargo, me pareció más heroico ingresar por la ventana antes de que lleguen todos los invitados. Una vez que ya estaba arriba llegó un camión de basura y se llevó mi escalera. Hasta el momento estaba con suerte, pues no quería levantar sospechas. Al haberme instalado dentro de la casa de Yesi solo pensé en esconderme en un ambiente donde pueda hacer mis investigaciones sin interrupciones.

No me fui de la fiesta hasta ver caer a los últimos invitados que quedaron. Tuve que infiltrarme a diversos ambientes de la casa durante toda la noche debido a diferentes circunstancias que fueron surgiendo. Al comienzo tuve que infiltrarme en la ducha y salir de vez en cuando a cumplir con mi misión de investigar a los invitados de esa reu sorpresa y a sus organizadores. Cada vez que alguien entraba al baño era excitante para mí, incluso escuché los gemidos de algunas invitadas mientras se masturbaban.

Cada vez que una persona llegaba, me asomaba a ver cómo hacía su entrada al ambiente en el que se encontraban todos los invitados. Se veía la incomodidad de ciertos varones por tener que adaptarse a la manera de saludar de cada uno de sus patas. En cambio, por lo menos en Perú, cuando el saludo implica por lo menos a una mujer no hay moda; siempre es un provocativo beso en la mejilla que se puede tornar muy agradable si la flaca está rica.

Cuando ya empezaba a haber una considerable cantidad de varones dentro del ambiente surgían algunos temas de conversación entre ellos, pero no podía empezar la interacción sin una chela o un pucho como acompañante. Es un ritual importante ese de tener que chupar mientras se socializa, pues es una forma de separar a los machos alfa del resto debido a que por alguna razón este tipo de animales son los que tienen más éxito en el amor y bajo las sábanas. Sin embargo, cada vez se populariza más entre todos los grupos sociales masculinos para que todos puedan tener el mismo éxito. Por otro lado, presencié a una buena cantidad de mujeres fumando y estoy convencido de que fueron incitadas por chicos que buscan meterlas poco a poco en estos malos hábitos para terminar consumiendo sus energías y dejarlas al borde de la inconsciencia en su misión de llevarlas a la cama para hacer deliciosas travesuras con ellas.

La clave de mi éxito como espía es que el baño donde me escondía se encontraba separado del pequeño ambiente en el que se encontraban apretados como sardinas todos los asistentes a esta fiesta sorpresa para Yesi. Mientras la mayoría de los varones esperaba conversando con unas chelas; las mujeres lo hacían bailando salsa, el género predominante en sus gustos, con algunos machos bailarines que se ofrecían gentilmente como galanes a cumplirles el caprichito por un rato.

Entre las tendencias que mencioné acerca de chupar y bailar me parece que la primera es más apropiada para el ambiente en el que se encontraban los invitados, al ser relativamente angosto resultaba más acogedor para el gusto masculino de tomarse unas chelas hasta morir. Me di cuenta de que el gusto de los varones más atractivos de la fiesta por el licor y el tabaco motivó a varias de las hembras a seguirles los pasos, éstas nunca quisieron quedarse atrás. No por gusto las mujeres asistieron tan maquilladitas, bañaditas y apetecibles; obviamente querían llamar su atención y si no la conseguían debían imitar sus rituales.

Finalmente, después de tanta espera entre risas y rituales, llegó Yesi junto a su amiga Susan, su risueña amiga que le había organizado la sorpresa. Las hembras se amontonaron para darle su respectivo apachurrón, después de eso siguieron los varones con un poco más de orden. Las mujeres, siempre más emotivas, fueron a abrazarla simultáneamente; mientras que los varones, siempre más serios y calmados, esperaron que cese el llanto entre las féminas para proceder a hacer su cola y darle a Yesi un cálido pero no tan efusivo abrazo.

Después de haber visto que todos los invitados le dieron a Yesi el respectivo reconocimiento que ella esperaba, volví a la ducha del baño para tomar apuntes acerca de cómo iba evolucionando el tono con el pasar de las primeras horas. Me pude dar cuenta de que mientras Yesi no llegaba, los invitados hacían sus respectivos rituales juntos. Al comienzo los invitados solo estaban separados por género: las mujeres bailaban y los varones chupaban.

La fiesta empezó a mostrar algunas divisiones entre los invitados pertenecientes al género masculino, dos grandes grupos empezaron a marcar presencia: los creídos y los pirañas. Los primeros tienen la característica de ser los que más buscan interactuar con el sexo femenino, alegando tener el dinero y las habilidades físicas para satisfacer sus necesidades; los últimos mencionados también generan cierto magnetismo sobre el sexo femenino, pero solamente las cabecillas, ya que en sí se caracterizan por ser un grupo con tendencia a las malas costumbres como el vandalismo y la drogadicción.

A pesar de que tanto creídos como pirañas comparten ciertas semejanzas, sin duda los primeros tienen una mejor reputación. Tener buenos antecedentes es importante para las mujeres asistentes a esta fiesta, por el simple motivo de que al jactarse de pertenecer una clase media-alta de la ciudad buscan aparearse con alguien que impulse su crecimiento social.

Para explicar mejor el éxito de los creídos en este tipo de reuniones, propongo el caso de Mike, un muchacho de pelo castaño y ojos verdes. Este engendro arrecho proviene de una familia francesa que emigró después de la Segunda Guerra Mundial, sus abuelos llegaron al país con poco dinero para subsistir; pero esos foráneos que vinieron prácticamente desnudos se fueron llenando de dinero con el pasar de los años usando su mayor nivel cultural como principal ventaja.

Gracias al magnífico trabajo de sus padres y abuelos para restablecer la economía familiar, Mike ha sido reconocido por sus vecinos como el joven más pituco de su cuadra. Esta ventaja económica y racial que mantiene sobre los machos de clase media que primaban en la fiesta le ha servido para enamorar con facilidad a muchas hembras asistentes. Durante el momento más caliente de la fiesta vi que se aisló a un extremo con Venus, una de las chicas más deliciosas de la fiesta, se abrazaban con frecuencia y se hacían cariñito para terminar su dulce conversación con un beso en los labios.

Yo pensé que la aventura de Mike había terminado ahí, pero este animal estaba tan excitado por Venus que quería copular con ella lo antes posible. Entonces decidieron ir al baño para cumplir con su cometido, eso me puso nervioso; así que volví a mi escondite rápidamente. Yo estaba rogando que por favor no entren a la ducha a hacer sus actos repugnantes.

Para mi suerte, Venus solamente se sentó en el lavabo y Mike le introdujo el pájaro lentamente para evitar los fuertes sonidos de Venus. Grabé todo lo que ocurrió entre ellos dos, la verdad es que yo estaba muy excitado con lo que había visto. Cuando terminaron, Venus tomó una pastillita para evitar sorpresitas y quiso entrar a la ducha para lavarse la flor.

Mi muerte era segura, Venus abrió la cortina y me pilló con mi celular en red. Se frustró mi plan de subir a RedTube el video del coito, no obstante, los tres juramos dejar en secreto todo lo que pasó. Me pareció que ya era el momento de buscar un lugar más caleta para terminar con mi investigación, ya que relaciones sexuales como ésta se repetirían durante toda la noche.

sábado, 20 de julio de 2013

Por: Anónimo

El iletrado no era iletrado. Es un estudiante de Derecho de la Católica que a pesar de ser muy soberbio y seguro de sí mismo, no es exitoso con las mujeres porque no se lo propone. Cuando se lo propuso se dio cuenta que tenía todo en contra. Es chato, a las mujeres les gustan los altos; es gordo, a las mujeres les gustan los flacos musculosos; tiene poca ceja y poco cabello, las chicas tienden a fijarse en chicos cejones y con cabello ondeado.

El iletrado es una persona inteligente, tiene una gran pasión por la lectura, recitar poemas y escribir libros, pero cuando ve a la italiana pierde los dones lingüísticos y narrativos. El  muchacho de verbo nutrido, fanático de Jaime Bayly y Alonso Cueto, cuando está cerca de ella se convierte en un tonto con las letras, en un simple iletrado. Aquel soy yo, Gustavo Reyes.

La italiana no era italiana. No se apellidaba Lombardi, Rossi, Bernardi ni Bianchi, se apellidaba Gonzáles. Es peruana, una limeña simpática de clase media que se fue dos años a Italia con su familia en busca de un futuro mejor. Ella volvió a Lima de vacaciones por medio año y regresó con el dejo de una verdadera italiana. Aquella fémina que me robó el corazón en algunas ocasiones es Rossana. Rossana Gonzáles.

Rossana y yo habíamos sido muy buenos amigos en la secundaria y en tercero le dije que sería mi pareja de promoción. Pero, eso estaba en duda porque Mono Negrete, un colombiano moreno de alta estatura y fumón también la pidió como su pareja. Mono era conocido por ser un pendejo y pasar tiempo con las mujeres por diversión. Felizmente ella no le hizo caso.

Mi amistad con la italiana Rossana fue muy sincera, en alguna oportunidad fuimos a Larcomar a tomar unos helados, caminamos por el malecón y disfrutamos de una aventura –prohibida en ese entonces- en la otora discoteca juvenil Cameo ubicada en la Calle de las Pizzas. En aquella discoteca intenté besarla, pero me dijo que no estaba preparada aún, me sentí confundido, pensé que no le gustaba. Sin embargo, en el salón de clase éramos cómplices de las bromas y había chispazos de afecto. En un afán de probar mi capacidad de trovador recité un poema a la italiana en plena clase de Comunicación. Me arrodillé ante ella y con la venia del profesor Hermeregildo Muña confesé mi amor en público entre mitad serio y mitad broma. Creo que el poema no salió bien, ahí me di cuenta que cuando estaba frente a ella era un simple iletrado. Por supuesto, Mono Negrete aprovechó para burlarse de mí en público, dejándome en ridículo.

A pesar de todos los momentos bonitos, los dos fuimos creciendo y tomamos diferentes rumbos. Yo me quedé en el mismo colegio de Lima y ella emigró a Europa a continuar sus estudios. La italiana sabía que yo la quería como más que a una amiga y yo no estaba tan seguro si ella sentía lo mismo por mí, aunque tenía una ligera sospecha que me aceleraba la palpitación del corazón.

Pasaron dos años y por supuesto no fue mi pareja de promoción. Rossana Gonzáles y yo manteníamos ocasionales conversaciones por Facebook. Ella acababa de terminar su relación con un tipo de su instituto en Italia y decidió volver a Lima para pasar las vacaciones de verano. La italiana no me dijo que vendría, pero en el cumpleaños de Yesi, una amiga nuestra, se apareció y nos reencontramos después de dos años.

Hablé con ella toda la noche, nos tomamos fotos y recordamos nuestras aventuras de secundaria. Como siempre pasa con ella fui muy torpe hablando. Como Rossana estaba en Italia le pregunté si comía Mondonguito a la italiana todos los días o si siempre cenaban pizza. Quedé como un inculto. La italiana me pidió que le invitara cerveza Birra Moretti, pero le expliqué que estábamos en Lima y sólo había Pilsen Callao verde. A medida que pasaba la conversación y las chelas, Rossana se ponía más linda y divertida. Era el momento ideal para decirle explícitamente cuanto la quería. Ella estaba feliz de verme y le propuse ir a un lugar más privado: la terraza de Yesi.

En la terraza se acabaron las cervezas. Pero para nuestra buena suerte encontramos una jarra de ron con Coca Cola que escondimos para tomarla sólo nosotros. Rossana insistió en hacer secos de ron para ´´acelerar los trámites´´. Eso me puso contento. No sabía qué hacer para besarla, me puse nervioso, así que decidí recitarle un fragmento de un poema del italiano Dante Alighieri. La italiana, me cortó la declamación y me dijo: ‘Gustavo tú serás muy lindo, pero es aburrido escucharte recitar poemas. Pareces un viejo, sé un joven de tu edad, sé más fresh’’. Yo le dije que no sabía cómo decirle que la amaba. La italiana me dijo: ´´no uses las palabras que no te salen, solo actúa´´.

En ese instante pasaron muchos sucesos de mi vida por mi cabeza. Ya estábamos algo ebrios y nos miramos fijamente. Nos tomamos de las manos, cerramos los ojos y cada uno inclinó su cabeza ligeramente al lado contrario, nos acercamos y una mano negra y con olor a marihuana separó nuestros rostros. Era el colombiano, Mono Negrete, quien no soportó que un huevón como yo esté a punto de agarrarme a una de sus ex pretendientes.

El marihuanero colombiano le dijo a mi italiana Rossana: ´´Gustavo ha cambiado bastante, es un mal tipo. Abre los ojos, mira cómo estás, te ha emborrachado para hacerte daño, para aprovecharse de ti’’ y con estos engaños, el maldito fumón se la llevó a la cocina de la casa de Yesi donde le dio agua para hacerse el buenito.

Como todo patrón del mal, Mono Negrete tenía su compinche,  Oswaldo Cojones quien se paró en la puerta de la cocina y no me dejó entrar aduciendo que estaba en estado de ebriedad. Mono se acercó para exigirme que me retire de la fiesta y yo intenté agredirlo. Mis amigos Carlitos Altura y Alecsis Cervantes-Saavedra (un amigo que sí era iletrado de verdad) consientes que una pelea física entre el Mono y yo sería peligroso para mí porque estaba en desventaja (él me podía sacar la mierda tranquilamente, más aún si estaba lanzado) decidieron separarme y llevarme a la sala de la casa de Yesi.

Mono Negrete y su marihuana habían ganado. Se quedó con ella en la cocina advirtiéndole de los supuestos peligros que ella corría con mi presencia. Seguía repitiendo que yo la estaba emborrachando para hacer con ella cosas obscenas. Yo entré corriendo a la cocina y le dije a Rossana ´´Mono Negrete es un marihuanero que me quiere desprestigiar no le hagas caso’’ ella me miró y se quedó dormida en la mesa.

Ante esta situación me ofrecí a llevarla a tomar el taxi. Pero el maldito de Mono Negrete quería aprovecharse de su estado y la sacó de la fiesta cargada para llevarla en un taxi sabe Dios a donde. Yo quise salir como sea, pero por mi estado de ebriedad más el impedimento que me hacía Oswaldo Cojones (el chupamedias de Mono) tuve que resignarme a ver por la ventana mi derrota. Mono hizo creer a todos que yo había emborrachado a la italiana, a mi italiana para besármela y encamarme con ella. Nada más falso. Yo la quería de verdad y no pude darle el beso que me debe desde aquella tarde de 2010 en Cameo. Me sentí un perdedor. Un perro fracasado.

Pero la luz brilló en las tinieblas. Mi fiel amigo, Alecsis Cervantes-Saavedra (iletrado de verdad) había llamado a la casa de Rossana. Habló con el tío de la italiana por teléfono y le dijo: ´´Señor, vuenos dias, dizculpe que lo interrumpa, save, Rossana está en la fiesta de Yesi y está borrasha. Por fabor, recógala en este momento. Está en mal estado’’ (sic) y le dio la dirección.

Es por eso que justo cuando Mono Negrete estaba a punto de parar un taxi que llevaría a la italiana al sótano de mi desolación, su tío se apareció en su carro justo a tiempo para recoger a su sobrina y despojarla de las sucias garras del marihuanero colombiano. Lo vi por la ventana.

Al día siguiente, se consumó mi felicidad. Llamé a la italiana Rossana para preguntarle cómo estaba. Ella me confesó lo feo que olía Mono y que felizmente llegó su tío. Yo me tomé la licencia de decir que fui yo quien lo llamé para quedar como héroe. (lo siento Alecsis por robarte el crédito) Ella me dio esperanzas. Me dijo que me debe mi recompensa y será en la Calle de las Pizzas, en una discoteca cerca de Cameo para recuperar el tiempo perdido, recordar viejos tiempos y darme el beso que debe. Besarnos. Besarnos intensamente. Besarnos intensamente hasta su regreso a Italia. Estoy seguro que extrañará mucho el Perú. Aunque no sea italiana yo la quiero y aunque yo no sea iletrado, y sea culto de verdad pero no parezca, ella me quiere así porque con ella no soy el pavo de siempre, soy un chico fresh.

viernes, 12 de julio de 2013

Por: Anónimo

Hoy es jueves y son las 4 de la tarde. Paso caminando con mis amigos Nicolás y Andrés por la cuadra 15 de la avenida Arequipa y observo con nostalgia la fachada de la legendaria ex Discoteca Niza o más bien perroteca; hoy convertido en una especie de salsódromo popular llamado África.

Nicolás Dammert prende un cigarro en la puerta y recuerda cuando lo llevé a Niza por primera vez. Eso me trajo a la mente algunos recuerdos de nuestra adolescencia cuando éramos ocasionales visitantes de aquel lugar y donde escribimos las páginas más traviesas de esa etapa.

En el 2011, teníamos 14 o 15 años y nos conocíamos del instituto de inglés. Nicolás estudiaba en un colegio pituco de La Molina y Andrés vivía en Santa Catalina como yo. Pero, Nicolás Dammert no era cualquier muchacho, era gringo y tenía plata. Además nunca había subido a una combi en su vida. De hecho su primera vez en un sistema de transporte público tenía que ser memorable, por eso un jueves por la tarde le dijo a su mamá que iríamos a hacer un trabajo en grupo, pero en realidad, subimos a un ómnibus blanco con dos rayas rojas y amarillas donde el cobrador repetía la frase: ‘Toda la Arequipa, ¿vas?’. Subimos. Baja en la 15 de Arequipa dijimos. Era obvio, iríamos a Niza.

Ninguno de los tres habíamos ido a esa discoteca antes, pero Andrés decía que sus amigos del colegio decían que era un lugar lacra, un lugar para muchachos de mal vivir. Al ver la fachada no parecía un mal lugar, aunque las chicas que entraban generalmente no tenían una buena apariencia, ni una belleza física que destacar.

Nadie quería ir a la boletería a pedir las entradas. Andrés se puso los pantalones y fue con voz de mayor a la ventanilla a pedir 3 tickets. Costaron 5 soles cada uno. Un letrero gigante decía ‘Entrada gratis con Carné Universitario’. Le dije a Andrés que en dos años, cuando seamos universitarios vendríamos todos los jueves gratis. Él sonrío y me dijo, entra coño.

El lugar era grande, pero había mucha gente, sentía la sensación que un calor de fuego envolvía mi cuerpo y me hacía sudar. Había muchas chicas agarradas en las sillas y en las barandas bailando desenfrenadamente al ritmo de las canciones de Okey Radio 91.9 y sandungueando de manera desenfrenada.

Andrés sugirió dar una vuelta para ‘chequear el material’ pero estoy seguro que ahí no había absolutamente nada que mirar. Para un par de muchachitos de clase media y un pituco solo era chongo, casi un reto entrar a ese lugar. Nos sentamos en una barra que estaba al lado derecho de los baños a conversar. En ese momento parece que alguien comenzaba a arrugar. Nicolás, el pituco, pidió que nos retiremos, dice que se sentía mal, que tenía fiebre.

La verdad es que yo solo estaba ahí porque era una experiencia nueva y porque quería hacerme al macho, porque la verdad es que ese lugar no tenía nada de charm ni de divertido. Nicolás nos rogaba para irnos, hasta que una morena alborotó al buen Andrés. La mirada de la señorita (hemos sido generosos para catalogarla como tal) hipnotizó a mi amigo, que dejándose llevar por el compás de Daddy Yankee se confundió entre los púberes y jóvenes para menear su cuerpo ante el de la señorita morena.

Cuando volteo a mirar a Nicolás, el gringo estaba colorado, se había pedido un vaso de Whisky y se lo estaba tomando de largo (seguro que era el primer Whisky que algún chibolo compraba en un lugar como ese). Nicolás se pidió un vaso más y dijo ‘ya estoy ready’. Se emocionó como loco y sacó a bailar a cuantas estudiantes de colegio nacional pudo (digo esto porque alguna que otra parecía que tenían debajo el polo de Educación Física de un centro de estudios de educación pública de Jesús María).

No podía creer, que el pituco de mi amigo esté bailando perreo con tan ‘distinguidas’ acompañantes que al parecer querían sacarle la camisa (espero que para ver su cuerpo y no para llevarse su camisa Volcom), estuvo en el centro de esa bola enjaulada por barandas que había frente a la barra. El animador, que vestía polo de la selección peruana, lo alentaba. ‘Buena gringo crudo’, le gritaba. ‘Vamos pecho frío’ continuaba festejándole su aventura.

Yo me animé a participar de algunas canciones, aunque debo confesar que algunas chiquillas me rechazaron. Eso me hizo sentir un poco triste, porque no les parecía atractivo a chicas que consideraba que era obvio que aceptarían por estar necesitadas.

Andrés salió bien parado de ese lugar, salvo por la gorra que le quitó el vigilante. Por su parte, Nicolás me dijo: ‘Ser gringo me ayudó mucho, me sentía como Francisco Pizarro entrando a conquistar el Perú’. Entre copas seguía hablando: ‘Quiero venir aquí siempre, sabes algo, no les vi la cara, pero todos los bailes que pedía aceptaban. Es más fácil acá que en los tonos de mi cole, donde encima ponen electrónica’.

Fueron momentos que sellaron nuestra amistad. Pasaron cosas que no pienso escribir, pero teníamos una promesa. Cuando seamos universitarios volveríamos un jueves gratis con nuestro carné para hacer de las nuestras. Yo tenía planeado bajar unos kilos para que no me choteen las muchachitas.

Han pasado 2 años de aquel día. Yo estudio en la Universidad de San Martín, Andrés en la UPC y Nicolás en la U de Lima. Estamos parados frente a Niza con nuestro carné universitario. No hay más esa promoción. No hay más Niza. El lugar que había marcado nuestras aventuras no existía más. Se había esfumado. Pero los recuerdos quedan vivos en la mente. Nicolás Dammert me rota el pucho y termino de consumirlo, lo tiro al piso y lo apago, como apagaron nuestro sueño de volver a la discoteca a hacer leyenda dos años después.