martes, 4 de febrero de 2014

Columna X: El futbolista y la entrenadora

Son las dos de la mañana y Adrián no puede conciliar el sueño. Son las dos de la mañana y al día siguiente tiene un importante partido de fútbol con el equipo de su barrio que espera ganar la copa distrital. Son las dos de la mañana y Adrián no puede dormir porque no sabe como regresar con Pía, Pía Gonzales, quien fue su enamorada. Él tomó, hace unos meses, la fatal decisión de terminar su relación con la sensual fémina para meter goles en otro arco porque, como él dice, no hay que acostumbrarse a la rutina. Son las dos de la mañana y el minutero sigue avanzando. Adrián suda por la impotencia de no poder dormir. Suda tanto como cuando juega en la canchita del barrio y cuando juega su otro partido en el Hostal Victoria a donde lleva a sus ‘fieras’ para practicar un tiro libre o someterlas a una tanda de penales con la regla de muerte súbita.

Adrián Solari tiene 18 años, toda la vida soñó con ser futbolista, pero sus padres le sacaron tarjeta roja a su sueño. Le dijeron que se dedique a algo en serio. Como muchos papás en este país, que sueñan con que sus hijos sean abogados, médicos o ingenieros y no toman en cuenta los gustos o la real vocación de sus hijos. Así como ser artista, ser futbolista es una profesión rechazada por los progenitores porque creen que para conseguir éxito tienes que tener contactos y sí lo consigues, éste será efímero. Adrián dejó sus entrenamientos en Universitario hace algunos años para prepararse con miras a postular a la universidad. El tiempo se le pasó entre ‘fieras’, la academia y los amigos; y ya con 18 años no había forma de volver a ser un calichín del equipo crema. Lejos de su pasión y de su ex enamorada Pía, ahora estudia derecho en la UPC y dedica tiempo a tomarse chelas con sus amigos de barrio, con quienes pasa los días rotando el vaso de cerveza, hablando de sus hazañas entre sábanas y recordando con nostalgia a Pía, la chica de hermosos glúteos a lo Rocío Miranda, aunque él intente demostrar que ella es cosa del pasado.

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Adrián se despertó con el sueño acumulado. El motivo que conocemos es porque no pudo conseguir dormir a tiempo, pero también porque un día antes del partido el goleador le anotó un hat-trick (todos los goles de palomita) a una de sus ‘fieras’, convirtiendo el Hostal Victoria en el Golf Los Incas, mismo ‘juerguero’ de la selección peruana en la época de ‘Chemo’ Del Solar. Adrián entró a la cancha sin la convicción de otras veces, falló un penal y su rendimiento fue desastroso. Antes del final del primer tiempo fue cambiado del juego y recibió las pifias del público. Fue su último partido. Dejó el fútbol. Jugó muy mal porque no estaba su amuleto, la mujer a la que tenía que dedicar sus goles. La mujer que siempre lo había acompañado en las tribunas, Pía, no estaba más en aquella cancha de fútbol. Él sabía que podía tener muchas ‘fieras’ pero la única que lo podía ir a ver jugar pelota era la firme, Pía.

Pía Gonzales es de la misma edad que Adrián, estudia Ingeniería Civil en la Universidad de Lima aunque su verdadera vocación es la cocina. A pesar que ella quería ser chef, los padres de Pía le dijeron que no le iban a pagar una carrera para ser una ‘simple cocinera’ y que debería estudiar algo que le genere mucho dinero. Sin embargo, a diferencia de él, ella se enamoró poco a poco de la ingeniería civil y en paralelo continuó preparando algunos platos y postres. Su delicioso queque relleno de fudge es un golazo de media cancha y Adrián sabe por qué.

Pía no sufrió mucho por el alejamiento de Adrián. En realidad él nunca le fue infiel y eso ella lo sabe. Al poco tiempo del término de su relación se enamoró de Mauricio Weedman a quien conoció en la discoteca Aura de Larcomar. Mauricio le invitó un cubalibre, bailó con ella, se la agarró y después la inauguró. ¡Goles que no haces, te lo hacen! Mientras conversaban en los cómodos sillones perlas, Mauricio le habló a cerca de su vida. Le comentó que estudió en el colegio Newton, que vivía en la avenida 28 de Julio cerca a la playa y que había estado en Canadá 5 meses por volar demasiado alto. Uno de sus sueños era ser piloto comercial. Pía quedó encantada con Mauricio Weedman. Iniciaron un intenso romance mientras que Adrián dejó de lado los prejuicios de luchar por una mujer y decidió emprender el contraataque para recuperar a Pía. Él estuvo 9 meses con Pía y no logró hacerla debutar en Primera División. En otras palabras tuvo la posesión de balón, pero no ganó el partido.

No era fácil para Adrián luchar por el cariño de una mujer. Él es un tipo que siempre consigue lo que quiere sin hacer el mínimo esfuerzo. Sus ‘fieras’ siempre están disponibles para él, son sus juezas, sus árbitros que le tocan el silbato y presionan el espray cuando vuelve después de tiempo a reconocer el campo. Él tiene el mundo y la suerte a sus pies. Tiene coraje y valentía desde chibolo. Es de los muchachos que no necesitan estar en lista para entrar a una fiesta, de los que no pagan pasaje en el bus, de los que chupan con 3 soles, de los que tienen talento para sacarle la fiera que cada mujer lleva adentro, de los que abren la botella de cerveza con la boca o la hebilla de la correa. Pero él sabía que tenía que sentar cabeza. Ya no quería más jugarse un clásico con sus ‘fieras’ porque como buen goleador un puntazo podía reventar la net del arco y un cachorro con una desconocida podía ser peor que irse al descenso.

Adrián, Pía y Mauricio coincidieron en una fiesta en el pintoresco barrio de San Luis. Adrián intentó sacar a bailar a Pía; sin embargo, Mauricio Weedman lo impidió dándole un puñete al ex futbolista, quien no arrugó y devolvió el golpe; no obstante, tuvo que retirarse de inmediato porque parte de los invitados de la fiesta eran del Dínamo, grupo de jóvenes del que era amigo Mauricio. Pía se sentía contenta de que dos hombres se peleen por ella. La risa de Pía fue una terrible lesión en el corazón para Adrián.

Se sabía en el barrio que Mauricio había tenido problemas con las drogas. Apellidarse Weedman es una tentación, casi una premonición para consumir estupefacientes. Marihuana y cocaína eran los narcóticos preferidos por el joven. Esto explica sus repentinos cambios de conducta y carácter agresivo que a veces él tenía para con Pía. Al enterarse que algo andaba mal, un amigo de Pía, en secreto, comenzó a seguir a Mauricio para descubrir qué clase de persona realmente era. Un antidoping y lo sacaba del juego. Mismo Maradona en el mundial del 94. Mientras que poco a poco Pía se iba dando cuenta de los problemas que Weedman tenía, él solo atinaba a victimizarse y ella caía redondita. El amigo que descubrió toda la mentira que encerraba Mauricio era un chimbombo. Se llamaba Luca Brito un amanerado estudiante de Arquitectura de la Católica que también le gusta jugar al fútbol, pero prefería meter autogoles. Luca Brito descubrió que Mauricio no había estudiado en el Newton College de La Molina sino en el Isaac Newton de Jesús María, también se enteró que no vivía en la avenida 28 de Julio en Miraflores cerca a la playa, sino en la avenida 28 de Julio en La Victoria cerca a la playa de estacionamiento y finalmente que no había ido de viaje 5 meses a Canadá para volar alto porque quería ser piloto comercial, sino que fue recluido 5 meses en ‘canadá’ San Jorge por comercializar marihuana y de hecho volaba alto pero con la hierba que lanzaba. Pía al enterarse que su relación con Mauricio se construía en base de mentiras, además de ser frecuente consumidor de narcóticos, terminó con él y consideró necesario estar sola por un buen tiempo. Necesitaba un entretiempo.

Adrián emprendió el contragolpe. Fue a buscar a Pía a su casa. Le pidió disculpas por dejarla y propuso preparar un queque relleno de fudge, aunque la que hizo todo el trabajo fue Pía. De todos modos, Adrián está acostumbrado a que le hagan todo el trabajo, él siempre disfruta. Y esta no fue la excepción, disfrutó de todo el queque de su ex. Cuando la conversación y la sesión de repostería terminaron, tenían que ir al plato fuerte. Adrián se estaba jugando los descuentos y tenía que mandarse con todo al ataque. Lo hizo y parecía tener relativo éxito. Pía disfrutó de un largo beso con Adrián por largos minutos; sin embargo, ella le dijo que se sentía confundida y le pidió que se vaya. El ex futbolista se sintió derrotado, tuvo la sensación que perdió el partido en el último minuto.

Pía Gonzales, por su parte, se sentía culpable por haber terminado con Mauricio. A pesar que le haya mentido con algunas cosas sobre su vida, ella no podía ser mezquina con los buenos momentos que pasaron juntos. Sobre el consumo de drogas y su carácter impulsivo consideró que debería apoyarlo y llevarlo donde especialistas que lo ayuden a mejorar sus actitudes. Pero, por la cabeza también le pasaba el nombre de Adrián, quien le dedicaba todos los goles. Pía sin pensar bien lo que hacía fue a buscar a Mauricio Weedman para ofrecerle, como amigos, su ayuda y la sorpresa que recibió fue grande. Vio en el parque a Mauricio Weedman besándose con Luca Brito apasionadamente. Ella no dijo ni una sola palabra al ver que su ex jugaba para el otro equipo y fue corriendo a llorar a su cama. Era obvio que Luca Brito desenmascaró y vendió a su propio galán Mauricio Weedman para que se aleje de Pía y tenga el camino libre para iniciar un pinky romance con él. ¡Un pase taquito de Luca Brito para Adrián!

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Ya más calmada, Pía aceptó retomar su relación con Adrián. Aunque para eso tuvo que aclarar que ella era la entrenadora porque los hombres serán jugadorazos pero ella ya aprendió a dominarlos. Dicho esto, Pía le aconsejó que no se aleje de sus sueños y vuelva a jugar fútbol. Le dijo que el fútbol es su pasión y uno tiene que vivir siempre haciendo lo que más le gusta. Adrián retomó el fútbol y fue a cada partido de la liga distrital con Pía. Ella celebraba cada gol que anotaba su enamorado y cada gol que le anotaba a ella. De esta forma el futbolista y la entrenadora fueron felices juntos por mucho tiempo y, claro, Luca Brito y Mauricio también. Final del partido.

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