jueves, 1 de agosto de 2013

Columna X: Crónica de una fiesta no anunciada (Parte 2)

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Parte 2 / Por: Anónimo

Mike se subió el pantalón, destrozó brevemente los labios de Venus y fue el primero en retirarse del baño. Quedé solo con Venus por unos minutos, estaba teniendo el privilegio de ver a esa chica de belleza exuberante completamente desnuda frente a mis ojos, que estaban húmedos y brillantes al presenciar su escultural figura, esto no le gustó y me tiró un par de cachetadas para reaccionar. Yo tenía ganas de decirle algo antes de que ambos nos retiremos de allí, pero ella notó el poderoso deseo que tenía de publicar el revelador video sin importar las consecuencias y me hizo una seña para que no dijera una sola palabra. Ella se agachó y me bajó el pantalón lentamente, luego saboreó todo lo que encontró por un corto rato y me guiñó el ojo cuando terminó. La hembra se mandó una menta a la boca, la masticó rápido, me mandó una sonrisa pícara, abrió la puerta y se fue.

Ya estaba viviendo una noche para el recuerdo sin siquiera haber sido invitado a la fiesta, pero mi misión debía proseguir. Después de haberme secado el sudor que emanaba de mis cachetes salí de la ducha y encontré en los pasillos a mi gran amigo Mikhail besando a una chica. Hice un zapateo para llamar su atención, Mikhail me sonrió y me presentó a su amiga. Ella era Chirlei, una joven de origen ayacuchano, pero que se jactaba de tener un abuelo inglés; sin embargo, la mujer presentaba unos rasgos autóctonos muy notorios y su figura estaba demasiado descuidada como para haber sido criada por descendientes anglosajones.

Mikhail interrumpió su ósculo con esta desproporcionada, marginal y sobre todo astuta mujer para indicarme un buen escondite. Mi amigo me dijo que ellos se estaban dirigiendo a la habitación del hermano mayor de Yesi para mantener su primer coito, pero que por la confianza que tenía conmigo no tenía problema en que yo comparta el ambiente con ellos para seguir con mi investigación.

Me escondí detrás de Mikhail y Chirlei en el camino hacia la habitación, hasta que de pronto un terrible ruido resquebrajó nuestros oídos. Se trataba de un muchacho aparentemente en estado de ebriedad que había despedazado el jarrón más preciado de Yesi. La anfitriona se mostró sumamente furiosa y lo sacudió hasta tirarlo al piso, una vez allí le pateó los huevos sin ningún tipo de piedad.

Le pregunté a Mikhail el nombre de ese engendro tan despreocupado por la vida, se trataba de Tony Kant. Este pillo era demasiado vago para resistir el ritmo del sistema educativo y en el penúltimo grado de media fue demasiado lejos. La directora de su escuela lo citó en su oficina para dialogar con calma y ver si podía lograr que se comprometa a mejorar su situación académica, pero al no llegar a un acuerdo completamente favorable le sacó el dedo medio y no volvió jamás a dicha institución educativa.

Tony, tan relajado como siempre, se sobó los huevos y siguió festejando con sus patas sin haber estado completamente consciente de la tremenda burrada que había cometido. Anoté este nuevo suceso de la fiesta, concluí que hay personas que al parecer funcionan como un robot malogrado cuando son dominados por los efectos de diferentes tipos de sustancias. Algunas personas tienen habilidades físicas y otras mentales, pero al ver las payasadas de Tony en un grave estado de inconsciencia me di cuenta de que hay una tercera categoría de personas con un innato y exclusivo talento para dejarse llevar por sus instintos narcóticos.

Después de haber presenciado los primeros efectos del alcohol y el sexo sobre algunos varones asistentes a la fiesta me sentí realmente feliz, pues había logrado mi cometido de investigar a profundidad los fenómenos de género.

Me había dejado llevar tanto por la situación que ni siquiera les prestaba atención a mi amigo Mikhail y a su amiguita con derechos teniendo relaciones en esa misma habitación donde yo me encontraba. Solamente estaba con mi pequeña libreta apuntando lo último que había acontecido, hasta que decidí salir en búsqueda de algún otro fenómeno perteneciente al género masculino.

Abrí la puerta de la habitación, asomé mi cabeza hacia el exterior para ver si encontraba algo interesante y de pronto se acercaba hacia mí un muchacho cabizbajo, pálido y con la tendencia a sufrir un paro cardíaco en poco tiempo. Al principio me dio miedo, pues pensé que desquitaría la tristeza y el dolor que sentía delatándome por haberme infiltrado a la reunión sorpresa de Yesi, pero al verlo bien me di cuenta de que a éste lo conocía de alguna parte. Se trataba de Alfonso Cervantes, mi viejo amigo del jardín infantil.

Desde que lo conocí tan pequeño siempre pude notar la seriedad con la que se dirigía hacia sus semejantes. Nunca fue tan amigable, pero el que ganaba su confianza tenía un tesoro a su lado, pues el tipo era tan audaz que siempre tenía una solución para los problemas de sus verdaderos amigos. No pensé que volvería a verlo después de tantos años precisamente en un evento que no iba acorde a la personalidad fría y distante que siempre mostró.

Le di un sincero abrazo a mi viejo amigo y lo primero que hice fue preguntarle porqué estaba tan decaído, en respuesta solo me mostró su dedo índice tambaleando, pero al parecer apuntaba hacia alguien. Estuve lo más atento posible a su señal, su dedo se dirigía hacia el ambiente principal del hogar de Yesi, particularmente a otra hembra que para mi gusto era tan atractiva y deliciosa como Venus. Le pregunté si ella era el problema, y el asintió agonizando.

Lo hice pasar a la habitación en la que Mikhail y Chirlei se encontraban fornicando aún para darle un vaso de agua al pobre muchacho, ellos dos estaban tan concentrados en el coito que ni siquiera se dieron cuenta de que dejé pasar a mi amigo al cuarto. Él me contó un poco acerca de esa chica que le estaba dando un fuerte dolor de cabeza por alguna razón.

Se trataba de Silvia Tolosa, una fémina de ojos voluminosos y una larga cabellera rubia; pero según Alfonso, de una gran personalidad. El amor con el que hacía cada una de las cosas que se ha propuesto a lo largo de su vida y en general el que demostraba hacia los que difícilmente ganaban su confianza la llevó a ser deseada por muchos varones, pero ella siempre les bajaba el dedo a último momento a la gran mayoría de ellos. Al parecer no le parecía urgente tener compañía masculina, ella era tan autosuficiente que el hecho de contemplar su belleza en el espejo diariamente alimentaba su ego y autoestima.

Alfonso me contó sollozando que hace algún tiempo se enamoró de esa egocéntrica muchacha de la noche a la mañana, sintió que de la nada quedó hechizado por sus encantos femeninos. Yo me quedé consternado, no podía creer que un tipo tan centrado y visionario como mi amigo Alfonso haya podido ser herido a manos de esa coqueta felina. Pero él insistía en que ella era el prototipo de mujer para sus gustos y que ésta ignoraba explícitamente su existencia. A pesar de todas las barreras que impedían que este romance se concrete me di cuenta de que estos dos sí podían hacer un buen equipo, ya que mi amigo se mostraba autosuficiente por el intelecto de sobra que mostraba y aquella gatita se mostraba de esa manera por su exorbitante encanto femenino. Por otro lado, para ganar la amistad de ambos siempre ha sido necesario ganar la confianza necesaria para imponerse a su desconfianza e inseguridad, característicos en su ADN.

El caso de Alfonso realmente me había conmovido, así que necesitaba hacer algo que lo motive a seguir adelante con sus metas. No podía detenerse en el camino por el simple hecho de no saber cómo acercarse a esa mujer que tanto deseaba, tenía que encontrar la manera de hacerlo reír para reconfortarlo.

Me acordé, por segunda vez, que en la habitación en la que nos encontrábamos seguía en progreso el salvaje acto sexual entre Chirlei y Mikhail. Al parecer mi amigo Mikhail ya la conocía en este terreno, pues se mostraba como un erudito en la cama, sin importar la pose que Chirlei necesitara para tener mayor placer y gritar de una manera más provocativa. Entonces, Alfonso y yo nos sentamos en el piso para ver el desenlace de la función, hasta que llegó el momento en el que Chirlei exprimió por completo a Mikhail. Ellos habían finalizado, nosotros aplaudimos efusivamente, se quedaron dormidos, Alfonso cambió su estado de ánimo con un par de carcajadas y a mí me apretaba el pantalón.

Después de que el sufrido chico botara algunas lágrimas al contarme su caso, quedó muy feliz con la clase magistral que Chirlei y Mikhail habían dado en la cama. Volví a quedar solo en la puerta de la habitación, entonces aproveché para sacar de nuevo mi pequeña libreta. Apunté lo que Alfonso me había contado y me propuse investigar lo que una mujer buscaba en un varón para montarse a él, ahora empezaba a ser tiempo de investigar el misterioso género femenino.

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